La mayoría de los trastornos óseos en animales se producen como consecuencia de un traumatismo. Las causas menos comunes de trastornos óseos incluyen anomalías metabólicas, anomalías nutricionales, o causas congénitas o hereditarias. Por lo general, las anomalías óseas se identifican primero por cojera o signos de dolor.
La mayoría de los traumatismos son fracturas que alteran la estructura ósea normal. Las fracturas pueden deberse a causas no traumáticas, como las secundarias a procesos patológicos óseos, como en los casos de neoplasia o infección (osteomielitis). Comprender la naturaleza de la fractura es necesario para identificar la causa subyacente y ayudar a determinar el plan de tratamiento.
La neoplasia ósea más común es el osteosarcoma. Sin embargo, pueden desarrollarse otros tipos de tumores óseos primarios y secundarios. Los cánceres óseos primarios suelen ser agresivos y metastatizar fácilmente a sitios distantes. Se debe estadificar exhaustivamente a los pacientes con sospecha de tumores óseos para detectar evidencia de metástasis. En los casos de osteosarcoma, a menudo se puede producir metástasis celular sin metástasis macroscópicas evidentes.
La osteomielitis es una infección de los huesos, generalmente de origen bacteriano o micótico. La osteomielitis puede ocurrir como resultado de heridas penetrantes o de la diseminación hematógena de bacterias, o como una complicación después de la reparación de una fractura.
Los trastornos nutricionales óseos son causados principalmente por desequilibrios o deficiencias en minerales, particularmente oligoelementos como el cobre, el cinc y el magnesio. Las concentraciones de calcio y fósforo en los alimentos también deben estar en la proporción correcta para una homeostasis ósea normal. La osteomalacia representa el clásico ejemplo de desequilibrio o deficiencia en la ingesta de calcio y fósforo. Otros trastornos nutricionales pueden ser el resultado de la ingesta excesiva de proteínas en animales en crecimiento. La ingesta insuficiente o excesiva de vitaminas específicas, en particular las vitaminas A y D, puede influir en el crecimiento y desarrollo de los huesos. La fisitis aséptica o las afecciones osteocondróticas especiales de la fisis pueden ser el resultado de la toxicosis por cinc o la deficiencia de cobre.
Los trastornos óseos congénitos incluyen malformaciones en el útero, como o la persistencia del cúbito o el peroné en los potrillos. Los trastornos hereditarios suelen ser complejos y difíciles de confirmar.
Para más información
Jeffcott L. Developmental diseases affecting growing horses. In: Juliand V, Martin-Rosset W, eds. The Growing Horse: Nutrition and Prevention of Growth Disorders. Wageningen; 2005:241-255.
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Roush JK. Management of fractures in small animals. Vet Clin Small Anim Pract. 2005;35(5):1137-1154.
Consulte también el contenido para propietarios de mascotas sobre los trastornos óseos en perros, gatos y caballos.