El dolor de hombro en los caballos es una sospecha habitual entre jinetes y propietarios; sin embargo, en realidad, es un origen poco común de cojera. La cojera crónica de las extremidades superiores suele incluir la atrofia de los músculos proximales de las extremidades (especialmente el supraespinoso, el infraespinoso, los músculos craneales del hombro y los músculos del antebrazo craneal), lo que ayuda a diferenciarla de la cojera distal de las extremidades.
El diagnóstico se basa en un examen cuidadoso, que incluye pruebas manipulativas. Se puede utilizar la anestesia intrasinovial de la articulación del hombro o la bolsa bicipital para diagnosticar el dolor en estas áreas específicas. La gammagrafía y la termografía son modalidades de imágenes fisiológicas que ayudan en el diagnóstico de la cojera del hombro. La radiografía (generalmente caudolateral-craneomedial o proximocraneal-proximodistal) y la ecografía son esenciales para la evaluación completa de la región del hombro.
Enfermedades del desarrollo del hombro en los caballos
La enfermedad ortopédica del desarrollo (osteocondrosis) en caballos se manifiesta en la articulación escapulohumeral (hombro) principalmente como lesiones quísticas subcondrales (SCL o quistes óseos) que afectan la cavidad glenoidea de la escápula, o como osteocondritis disecante (OCD) de la cabeza humeral. Además, los ponis miniatura son propensos a una afección casi exclusiva de esta raza que está causada por la displasia de la articulación y se debe a la hipoplasia de las superficies articulares, lo que provoca inestabilidad y artritis secundaria.
La osteocondrosis del hombro equino se diagnostica con mayor frecuencia en potros destetados y potros de un año. De todas las zonas anatómicas en las que se produce la osteocondrosis, el hombro es la menos tolerante; la cojera evidente y persistente es un hallazgo típico de la osteocondrosis en esta articulación. La lesión primaria del cartílago se encuentra en la cavidad glenoidea, la cabeza humeral o ambas (más comúnmente), y la enfermedad a menudo afecta una gran parte de la superficie del cartílago.
Lesiones quísticas subcondrales:
Las SCL en los caballos se desarrollan típicamente en la cavidad glenoidea de la escápula. Pueden comunicarse o no con la articulación del hombro y responder de forma variable a la anestesia intraarticular. Aunque las SCL forman parte del complejo de enfermedades ortopédicas del desarrollo, es posible que los signos clínicos no sean evidentes hasta que el animal alcance la madurez. Al igual que otras manifestaciones de este síndrome, es posible que la cojera no se manifieste hasta que el animal comience a trabajar (por lo general, durante la doma o los primeros ejercicios de montura).
Ocasionalmente, las SCL provocan cojera en caballos de edad avanzada, tras haber permanecido latente durante la mayor parte de su vida. La razón de estos casos de aparición tardía no está clara. En algunos casos, las SCL son de origen traumático en lugar de evolutivo.
Por lo general, es necesario hacer una radiografía para emitir un diagnóstico definitivo; aunque en el caso de algunas lesiones poco evidentes, puede ser necesario realizar una gammagrafía o una artroscopia diagnóstica. La anestesia intraarticular para localizar la cojera en el área del hombro puede ser extremadamente útil.
Las SCL se tratan con terapia conservadora, con la esperanza de que los quistes se remodelen y no sean dolorosos. El tratamiento consiste en combinaciones de reposo, ejercicio controlado, tratamiento antiinflamatorio y tratamientos intraarticulares, que incluyen corticoesteroides, ácido hialurónico y proteína antagonista del receptor de interleucina (IRAP). Los períodos de reposo recomendados oscilan entre unas pocas semanas y 3 meses.
En lesiones más grandes es necesario realizar una artroscopia y desbridamiento; sin embargo, estas técnicas pueden resultar dificultosas, ya que el quiste y el daño del cartílago articular dentro de la cavidad glenoidea pueden ser de difícil acceso. La artrosis secundaria puede limitar la eficacia de cualquier tratamiento.
Osteocondritis disecante
En el hombro equino, suele presentarse en la parte caudal del húmero un defecto óseo con un colgajo de cartílago (OCD). La radiografía es importante para determinar la extensión de la lesión. Los cuerpos libres óseos intraarticulares son inusuales; sin embargo, cuando están presentes, se asientan en los recesos caudales o craneales de la articulación.
El tratamiento del OCD en el hombro es similar al de las SCL, pero el tratamiento conservador es menos exitoso. El desbridamiento artroscópico de la lesión puede ser eficaz; sin embargo, los casos deben seleccionarse cuidadosamente debido a los cambios patológicos que podrían estar presentes. El acceso artroscópico limitado a la cara medial de la cabeza humeral dificulta enormemente el desbridamiento de las lesiones en esta zona. La evidencia radiográfica de artrosis antes de la cirugía indica un pronóstico desfavorable.
Displasia escapulohumeral
Aparentemente exclusiva de las razas de caballos miniatura, la displasia escapulohumeral se debe a una discrepancia entre el tamaño de la cavidad glenoidea y el de la cabeza del húmero. Este desajuste provoca inestabilidad articular y artritis secundaria. Aunque este problema es indudablemente del desarrollo y puede ser hereditario, la afección comúnmente no se hace evidente hasta que el animal es adulto, a menudo con cojera de inicio repentino.
Los caballos con displasia escapulohumeral a menudo tienen una atrofia muscular profunda de las extremidades proximales y una cojera considerable. Estos factores, junto con la disposición de la raza y el resentimiento por la manipulación de las extremidades proximales, facilitan la localización de la lesión.
Las radiografías revelan la presencia de artrosis y subluxación variable de la articulación escapulohumeral. Las proyecciones oblicuas pueden evidenciar una erosión profunda de la cabeza humeral en los casos graves. La destrucción articular generalizada produce una zona de mayor captación en la gammagrafía ósea.
No existe un tratamiento sencillo para la displasia escapulohumeral en el caballo. La mayoría de los casos se presentan en un estadio tan avanzado que incluso los cuidados paliativos son imposibles; en estas situaciones se debe considerar la eutanasia por motivos humanitarios. Se ha descrito la artrodesis quirúrgica; sin embargo, rara vez se realiza.
Fracturas del hombro en los caballos
Las fracturas de hombro son poco comunes en los caballos. Las fracturas escapulares afectan la espina, la tuberosidad supraglenoidea, el cuerpo, el cuello y la cavidad glenoidea. Las fracturas de húmero proximales afectan la cabeza del húmero, la tuberosidad mayor y la tuberosidad deltoidea. Las fracturas de la tuberosidad supraglenoidea son las más comunes. Las fracturas suelen ser causadas por un traumatismo directo o por caídas sufridas durante las carreras o los saltos.
Las fracturas de la tuberosidad supraglenoidea son las fracturas escapulares más comunes en los caballos, y representan el 30-50 % de las fracturas escapulares. Estas fracturas suelen ser simples; sin embargo, pueden ser conminuta y con frecuencia son intraarticulares. Se requiere una radiografía para emitir el diagnóstico definitivo.
Las opciones de tratamiento para las fracturas de la tuberosidad supraglenoidea dependen de la naturaleza y la duración de la fractura, la economía y las expectativas de rendimiento. El tratamiento conservador, que consiste en la administración de AINE con reposo en establo durante 3-4 meses, seguido de 6-9 meses de reposo en los pastos, puede tener éxito en fracturas con un desplazamiento mínimo y escasa afectación articular. Las fracturas de hombro se tratan mejor mediante cirugía, ya sea mediante resección quirúrgica del fragmento o fijación interna, con o sin tenotomía de bíceps braquial.
El pronóstico para el restablecimiento de la funcionalidad normal después de la fractura de la tuberosidad supraglenoidea depende de muchos factores. El tratamiento conservador ofrece al caballo un buen pronóstico de recuperación si la fractura no es articular y el desplazamiento es mínimo; sin embargo, para cualquier otra fractura del tuberosidad supraglenoidea, el pronóstico es malo. La resección quirúrgica de estas fracturas complicadas ofrece una buena perspectiva de recuperación para casi el 60 % de los caballos tratados. El pronóstico después de la fijación interna es bueno, y cuando se combina con tenotomía de bíceps braquial, el pronóstico es excelente.
Las fracturas de la espina, el cuerpo, el cuello y la cavidad glenoidea de la escápula en caballos pueden ser difíciles de diagnosticar. La radiografía de la región es importante; sin embargo, el grosor de la masa corporal y la delgadez de la escápula pueden dificultar mucho la visualización de fracturas con desplazamiento mínimo de la espina y el cuerpo. Por lo general, el cuello y la cavidad glenoidea se visualizan lo suficientemente bien como para ver las fracturas. La gammagrafía podría ser necesaria para localizar el hueso lesionado en esta región. La ecografía puede revelar con precisión la integridad de la superficie ósea y puede ser muy útil para determinar la ubicación de la fractura.
Por lo general, las fracturas de la espina de la escápula no requieren cirugía, a menos que se conviertan en secuestros óseos, en cuyo caso se extirpa el fragmento. Las fracturas no articulares del cuerpo y el cuello con desplazamiento mínimo pueden tratarse de forma conservadora, y el pronóstico es bueno.
Las fracturas transversales del cuerpo escapular y el cuello proximal se pueden tratar mediante fijación interna, lo que le da al caballo un pronóstico de regular a bueno para el rendimiento. Sin embargo, las fracturas conminuta, las fracturas de la parte distal del cuello y las fracturas de la cavidad glenoidea tienen un mal pronóstico. Se recomienda la eutanasia inmediata para caballos con afectación articular extensa o inestabilidad articular grave.
En los caballos de carreras, se producen fracturas por sobrecarga de la escápula. Para diagnosticar estas lesiones, se puede utilizar la gammagrafía o la ecografía. La ecografía se puede utilizar para controlar la cicatrización. Las fracturas por estrés son casi siempre incompletas y curan muy bien, con un pronóstico excelente para volver al entrenamiento.
Las fracturas de la cabeza humeral, de la tuberosidad mayor y de la tuberosidad deltoidea suelen presentarse como una cojera marcada que mejora en 48 horas hasta convertirse en cojera moderada. Se puede detectar dolor e hinchazón en la zona de la fractura.
La radiografía es necesaria para el diagnóstico definitivo de las fracturas de hombro en caballos. Por lo general, se requieren múltiples proyecciones radiográficas oblicuas para identificarlas. El tratamiento puede ser conservador o quirúrgico, según la configuración y el desplazamiento de la fractura.
Las fracturas de la cabeza humeral proximal (de tipo I o II de Salter-Harris) rara vez se desplazan, debido al efecto estabilizador de los músculos del hombro (supraespinoso, infraespinoso, subescapular y deltoides).
Las fracturas de la tuberosidad mayor inestables o grandes se pueden tratar mediante la extracción o la fijación con tornillos de tracción.
Las fracturas de tuberosidad deltoides son poco frecuentes.
Los fragmentos pequeños fracturados se pueden convertir en secuestros y deben eliminarse.
Los fragmentos grandes requieren la fijación con tornillos de tracción para restablecer la continuidad cortical del surco bicipital.
El pronóstico en los casos de fracturas sin desplazamiento después del tratamiento conservador suele ser bueno. Para las fracturas desplazadas de la tuberosidad mayor y la tuberosidad deltoides, la fijación interna ofrece un pronóstico muy favorable.
Las fracturas por sobrecarga también afectan al húmero proximal, casi exclusivamente en la corteza lateral caudal. Son una causa poco frecuente pero importante de cojera en los caballos de carreras (la metáfisis craneodistal del húmero también está afectada). Por lo general, el paciente presenta cojera de inicio repentino, a menudo de moderada a marcada, estrechamente asociada con el ejercicio reciente, generalmente en trabajo de velocidad.
La cojera debida a las fracturas por sobrecarga suele ser transitoria, y el caballo suele recuperarse en unos pocos días o una semana, si descansa. Si se reanuda el ejercicio, la cojera recidiva. La localización es difícil; muchas fracturas por sobrecarga se detectan después de descartar la extremidad inferior como fuente del dolor, o mediante gammagrafía. La radiografía puede detectar hueso nuevo perióstico y endóstico en el lugar de la lesión.
La recuperación de las fracturas por sobrecarga suele ser sencilla; sin embargo, un descanso suficiente (de 6-8 meses) y un regreso gradual al entrenamiento son importantes para un obtener buenos resultados.
En las fractura por sobrecarga, se puede introducir el ejercicio de caminar sorprendentemente rápido una vez que ha remitido el dolor inicial. La lesión sigue siendo evidente en las radiografías mucho tiempo después de que el hueso haya recuperado la resistencia suficiente para soportar el ejercicio; sin embargo, el callo se suaviza y se resuelve gradualmente a medida que avanza la remodelación.
Las fracturas por sobrecarga humeral no detectadas o las fracturas que no han cicatrizado lo suficiente pueden provocar una fractura ósea completa durante el ejercicio y requerir la eutanasia.
Bursitis bicipital en los caballos
El tendón del bíceps braquial se extiende sobre el húmero craneoproximal, protegido por una bolsa sinovial. La inflamación de la bolsa sinovial en los caballos puede causar cojera y suele ser secundaria. Un traumatismo en el húmero proximal, lesiones quísticas en el hueso subyacente o una lesión en el tendón pueden causar bursitis secundaria; se debe identificar la lesión principal y tratar de forma adecuada. En algunos casos, el mal ajuste de los aperos (mantas, collares) ha provocado bursitis.
Los signos clínicos de la bursitis bicipital incluyen una fase craneal acortada de la zancada, una disminución del arco de vuelo del pie, una disminución de la flexión carpiana y una disminución notable del movimiento del hombro. Cuando el caballo trota en círculo, la cojera suele ser peor en la pata exterior. La presión aplicada sobre el tendón bicipital o la bolsa sinovial y la manipulación del hombro en flexión provocan una respuesta dolorosa.
El diagnóstico de la bursitis bicipital se basa en la inyección de anestésico local en la bolsa sinovial. Sin embargo, la radiografía y la ecografía son importantes para evaluar los tejidos óseos y blandos de la región. La gammagrafía y la termografía también pueden ser modalidades útiles de diagnóstico por la imagen.
La contaminación bacteriana y, en raras ocasiones, las infecciones fúngicas pueden causar bursitis bicipital. En la mayoría de los casos, una herida en las proximidades de la bolsa sinovial alerta al veterinario de esta posibilidad; sin embargo, en muy raras ocasiones, puede producirse una infección cerrada. En caso de infección, es necesario drenar la bolsa sinovial, desbridarla y lavarla a fondo mediante artroscopia. Este tratamiento va seguido de la administración prolongada de antimicrobianos adecuados y AINE.
La bursitis aséptica responde favorablemente al reposo, a los AINE parenterales o tópicos o a la inyección intrasinovial de corticosteroides o IRAP en la bolsa. La duración del reposo depende de la lesión subyacente del húmero o del tendón bicipital. En ausencia de una lesión identificable, se puede iniciar el ejercicio de rehabilitación unos días después de la inyección. Si se ha lesionado el tendón bicipital, se han recomendado periodos de descanso de hasta 3 meses.
La terapia de ondas de choque extracorpóreas ha resultado beneficiosa para el tratamiento del tendón del bíceps o la bolsa sinovial en caballos. La cirugía es necesaria en casos de fractura o infección. Si el tendón se ha calcificado o adherido debido a una inflamación crónica, la extirpación de la porción calcificada o tenotomía bicipital ha mostrado resultados favorables.
Infección del hombro en los caballos
La infección de la articulación del hombro en los caballos suele ser el resultado de una lesión penetrante. El diagnóstico y el tratamiento proceden como en otras articulaciones. En los potros (y, en raras ocasiones, en los potros destetados o de un año), la infección puede diseminarse por vía hematógena y establecerse en las placas de crecimiento o en los extremos de los huesos (infección fisaria o epifisaria). Si no están asociadas a la contaminación de las estructuras sinoviales, estas infecciones óseas juveniles del hombro pueden tratarse con antimicrobianos sistémicos antes de realizar una intervención quirúrgica (lavado artroscópico y desbridamiento). La perfusión intraósea puede proporcionar grandes cantidades de antimicrobianos en el sitio de la infección.
Neuropatía supraescapular en los caballos
El nombre de "neuropatía supraescapular" (conocida también como parálisis de la espaldilla) describe el aspecto físico del hombro del caballo en este síndrome: se observa atrofia de los músculos supraespinoso e infraespinoso, lo que provoca inestabilidad posterior del hombro. La neuropatía supraescapular es la anomalía más común del hombro equino. No es un diagnóstico en sí mismo, porque hay múltiples causas potenciales. La causa más común es un traumatismo directo en el nervio supraescapular.
La atrofia de los músculos supraespinoso e infraespinoso que cubren la escápula hace que la espina de la escápula se vuelva más prominente; en casos graves, estos músculos prácticamente desaparecen. Esta atrofia es inusual, ya que a menudo es profunda y muy localizada, características propias de una lesión en un solo nervio motor inferior, el nervio supraescapular.
Aunque la ubicación de la lesión rara vez se documenta clínicamente, la mayoría de los casos implican un traumatismo en la parte craneal del hombro, en el punto donde el nervio está expuesto a una posible compresión al discurrir por la cara craneal de la escápula. La gravedad del daño determina el alcance de la atrofia y las posibilidades de recuperación.
Si la función nerviosa se ve gravemente comprometida, la articulación del hombro se vuelve inestable debido a la falta de soporte de la musculatura circundante, y la articulación se subluxa lateralmente cuando el caballo soporta peso. Esta subluxación no parece ser abiertamente dolorosa; sin embargo, la incapacidad de estabilizar la articulación podría tener importantes implicaciones para la salud articular a largo plazo y la carrera atlética del caballo.
El tratamiento de la neuropatía supraescapular tiene como objetivo mantener la salud muscular durante el período de recuperación nerviosa y maximizar la neurogénesis. Los caballos deben permanecer en reposo en el establo o en un prado muy pequeño. La inmovilización completa puede afectar negativamente a los nervios y los músculos; sin embargo, el exceso de actividad puede acelerar la degeneración de la articulación.
La cirugía para extirpar parte de la escápula sobre la que discurre el nervio elimina la presión y el estiramiento del nervio y proporciona las condiciones óptimas para su recuperación. Se debe contemplar esta cirugía, pero su utilidad es discutible.
La estimulación muscular, bajo la guía de un fisioterapeuta capacitado, ayuda a limitar la fibrosis muscular y puede estimular la regeneración nerviosa. Las observaciones clínicas y las tasas de recuperación sugieren que la gran mayoría de los casos de neuropatía del nervio supraescapular en caballos se deben a neuropraxia (daño leve del nervio por compresión o estiramiento) o axonotmesis (lesión del axón nervioso que deja intacto el tejido conjuntivo), y que la funcionalidad se recupera con el tiempo. Sin embargo, la recuperación puede llevar muchos meses y, con frecuencia, queda algo de pérdida de masa muscular.
El pronóstico en los casos de neuropatía supraescapular parece verse más afectado por la duración de la lesión antes del diagnóstico, el grado de atrofia en el momento del diagnóstico y la disposición del propietario a realizar tratamientos físicos que requieren mucho tiempo durante muchos meses.
Otras causas de neuropatía supraescapular en caballos incluyen la atrofia por desuso (que no parece focal y rara vez es grave), la lesión del plexo braquial (que suele afectar a múltiples nervios; la atrofia no es focal, sino que se produce en varios grupos musculares) y la enfermedad cervical caudal, que provoca radiculopatía del nervio espinal y en la que también se ven afectados varios nervios motores, de modo que se atrofian otros músculos.
La evaluación cuidadosa de los músculos afectados y la radiografía del cuello y el hombro ayudarán a la diferenciación. La gammagrafía es útil para realizar un examen rápido tanto de la extremidad proximal como de las vértebras cervicales y torácicas en busca de daños que puedan afectar negativamente al pronóstico. La termografía puede ser útil para determinar la afectación del nervio o de la raíz nerviosa.
Artrosis del hombro en los caballos
La artrosis que afecta a la articulación del hombro en los caballos plantea los mismos problemas que en otras articulaciones. Si no se identifica ninguna causa primaria susceptible de corrección y se observan signos radiográficos (p. ej., osteofitos periarticulares), es probable que la destrucción del cartílago esté muy avanzada. Estos signos clínicos pueden mejorarse, pero no curarse, con tratamientos antiinflamatorios, analgésicos y modificadores de la enfermedad.
Conceptos clave
La enfermedad ortopédica del desarrollo del hombro equino (osteocondrosis disecante y lesiones quísticas subcondrales) tiene un pronóstico reservado.
La displasia de hombro es una afección de los caballos miniatura.
Se producen varias configuraciones de fractura dentro del hombro equino, incluidas las fracturas de la tuberosidad supraglenoidea y las fracturas por sobrecarga del húmero o la escápula en los pura sangre de carreras.
La neuropatía supraescapular (parálisis de la espaldilla) es la anomalía más común del hombro equino, y provoca una atrofia grave de los músculos supraespinoso e infraespinoso.
Para más información
Garvican E, Clegg P. Clinical aspects of the equine shoulder and elbow joints. Companion Anim. 2008;13(5):5-12.
Consulte también el contenido para propietarios sobre trastornos del hombro y el codo en los caballos.