VERSIÓN PARA PROFESIONALES

El parvovirus canino

PorAlex Gallagher, DVM, MS, DACVIM-SAIM, Columbia Veterinary Emergency Triage and Specialty
Revisado/Modificado Modificado jun 2020
v3266271_es

La enteritis parvoviral es una enfermedad viral altamente contagiosa que afecta comúnmente a perros jóvenes no vacunados. Los signos clínicos son anorexia, letargo, vómitos y diarrea, que a menudo es hemorrágica. El diagnóstico se suele basar en la anamnesis, los hallazgos de la exploración física y las pruebas de antígeno fecal. El tratamiento es en gran medida de apoyo en forma hospitalaria o ambulatoria porque no hay tratamientos específicos disponibles.

La enteritis parvoviral es una enfermedad gastrointestinal infecciosa aguda altamente contagiosa del perro. La infección es relativamente común en perros jóvenes o no vacunados.

Etiología y fisiopatología de la infección por parvovirus canino

El agente etiológico de la enteritis parvoviral en perros es el parvovirus canino (CPV). El CPV es un virus de ADN monocatenario sin envoltura. Aunque se desconoce su origen exacto, se cree que el CPV surgió del virus de la panleucopenia felina.

En América del Norte, la enfermedad clínica se atribuye principalmente al CPV-2b; sin embargo, la infección con una cepa más nueva e igualmente virulenta, CPV-2c, es cada vez más común, habiéndose identificado en al menos 15 estados. No se ha identificado ninguna asociación entre la cepa de CPV y la gravedad de la enfermedad clínica.

Patogenia de la infección por parvovirus canino

La replicación del parvovirus canino se produce inicialmente en el tejido linfoide de la orofaringe, y la posterior diseminación hematógena provoca una enfermedad sistémica.

El CPV infecta y destruye preferentemente las células que se dividen rápidamente del epitelio de las criptas del intestino delgado, del tejido linfopoyético y de la médula ósea. La destrucción del epitelio intestinal de las criptas da lugar a necrosis epitelial, atrofia de las vellosidades, deterioro de la capacidad de absorción y alteración de la función de la barrera intestinal, con el potencial de translocación bacteriana y bacteriemia.

La linfopenia y la neutropenia se desarrollan secundariamente a la destrucción de las células progenitoras hematopoyéticas en la médula ósea y los tejidos linfopoyéticos (p. ej., el timo, los nódulos linfáticos, etc.) y se exacerban aún más por una mayor demanda sistémica de leucocitos.

Perlas y trampas

  • Los perros infectados excretan el virus en las heces en los 4-5 días posteriores a la exposición, durante la enfermedad y durante aproximadamente 10 días después de la recuperación.

La infección en el útero o en cachorros <8 semanas de edad o nacidos de madres no vacunadas, sin anticuerpos naturales, puede causar infección miocárdica, necrosis y miocarditis. La miocarditis, que se presenta como insuficiencia cardiorrespiratoria aguda o insuficiencia cardíaca progresiva de aparición tardía, puede presentarse con o sin signos clínicos de enteritis. Sin embargo, la miocarditis por el CPV-2 es poco frecuente, porque la mayoría de las perras tienen anticuerpos frente al CPV por inmunización o exposición natural.

Los perros infectados excretan el virus en las heces en los 4 a 5 días posteriores a la exposición (a menudo, antes de que se desarrollen los signos clínicos), durante el período de la enfermedad y durante aproximadamente 10 días después de la recuperación clínica.

Epidemiología de la infección por parvovirus canino

La infección por parvovirus canino se adquiere por contacto oral o nasal directo con heces que contienen virus o, indirectamente, por contacto con fómites contaminados por virus (p. ej., ambiente, personal, equipamiento).

Los perros jóvenes (de 6 semanas a 6 meses de edad), no vacunados o vacunados de manera incompleta, son los más susceptibles. Entre perros >6 meses de edad, los machos sexualmente intactos tienen más probabilidades de desarrollar enteritis parvoviral que las hembras sexualmente intactas.

Las razas descritas como de mayor riesgo son las siguientes:

  • Rottweilers.

  • Dóberman pinscher.

  • Springer spaniel inglés.

  • Pastor alemán.

  • Perros de tipo Pitbull.

Suponiendo una ingestión suficiente de calostro, los cachorros nacidos de una madre con anticuerpos frente al CPV están protegidos de la infección durante las primeras semanas de vida; sin embargo, la sensibilidad a la infección aumenta a medida que disminuyen los anticuerpos adquiridos de la madre.

El estrés (por ejemplo, por destete, hacinamiento, desnutrición, etc.), el parasitismo intestinal concurrente y la infección por patógenos entéricos (por ejemplo, Campylobacter spp., Salmonella spp., Giardia spp., coronavirus) se han asociado con una enfermedad clínica más grave.

Hallazgos clínicos en la infección por parvovirus canino

Los signos clínicos de enteritis parvoviral en perros generalmente se presentan en los 5 a 7 días posteriores a la infección, pero pueden aparecer de 2 a 14 días después de la infección.

Los signos clínicos iniciales pueden ser inespecíficos (por ejemplo, letargo, anorexia, fiebre) y evolucionan a vómitos y diarrea hemorrágica del intestino delgado a las 24-48 horas. Aproximadamente el 25 % de los perros pueden tener diarrea no hemorrágica.

Los hallazgos de la exploración física pueden incluir depresión, fiebre, deshidratación y asas intestinales dilatadas y llenas de líquido. El dolor abdominal justifica una mayor investigación para excluir la complicación potencial de la intususcepción.

En el momento de la evaluación inicial, los animales gravemente afectados podrían presentar signos clínicos posiblemente compatibles con choque séptico (colapso con tiempo de llenado capilar prolongado, mala calidad del pulso, taquicardia e hipotermia).

Aunque se ha notificado leucoencefalomalacia asociada con la infección por el CPV, los signos del SNC se atribuyen más comúnmente a hipoglucemia, septicemia o anomalías en el equilibrio ácido-base y los electrólitos. La infección no aparente o subclínica es frecuente.

Lesiones en la infección por parvovirus canino

Las lesiones macroscópicas observadas en la necropsia en casos de infección por el CPV pueden ser las siguientes:

  • Paredes intestinales engrosadas y pigmentadas.

  • Contenido intestinal acuoso, mucoide o hemorrágico.

  • Edema y congestión de los nódulos linfáticos abdominales y torácicos,

  • Atrofia tímica.

  • En el caso de miocarditis por CPV, estrías pálidas en el miocardio.

Histológicamente, las lesiones intestinales se caracterizan por necrosis multifocal del epitelio de las criptas, pérdida de la arquitectura de las criptas y desprendimiento de las vellosidades. También se produce agotamiento del tejido linfático y de los linfocitos corticales (placas de Peyer, ganglios linfáticos periféricos, ganglios linfáticos mesentéricos, timo, bazo) e hipoplasia de la médula ósea.

Se puede observar edema pulmonar, alveolitis y colonización bacteriana de los pulmones y el hígado en perros que han muerto por complicación del síndrome de dificultad respiratoria aguda, síndrome de respuesta inflamatoria sistémica, endotoxemia o septicemia.

Diagnóstico de la infección por herpesvirus canino

  • Se sospecha sobre la base de la reseña, la anamnesis y los signos clínicos.

  • Confirmación por prueba de antígeno parvovírico fecal o PCR vírica.

Se debe sospechar enteritis por parvovirus canino en cualquier perro joven, no vacunado o con vacunación incompleta que presente signos clínicos relevantes, especialmente si vive en un refugio o en un criadero.

Durante el curso de la enfermedad, la mayoría de los perros presentan leucocitopenia, de moderada a grave, caracterizada por linfocitopenia y neutrocitopenia. La leucopenia, la linfopenia y la ausencia de una respuesta de los neutrófilos en banda dentro de las 24 h del inicio del tratamiento se han asociado con un mal pronóstico.

En el perfil bioquímico sérico, pueden observarse azoemia prerrenal, hipoalbuminemia (pérdida gastrointestinal de proteínas), hiponatremia, hipopotasemia, hipocloremia e hipoglucemia (debida a reservas inadecuadas de glucógeno en cachorros jóvenes o choque séptico, un indicador de mal pronóstico potencial), así como un aumento de la actividad de las enzimas hepáticas.

Los ELISA comerciales para la detección de antígenos en heces están ampliamente disponibles y tienen una sensibilidad y especificidad de buenas a excelentes, incluso para la cepa CPV-2c de evolución más reciente. Todos los animales con signos clínicos relevantes deben ser inmediatamente sometidos a pruebas, para que se puedan iniciar los procedimientos de aislamiento apropiados.

La mayoría de los perros clínicamente enfermos eliminan grandes cantidades de virus en las heces. Sin embargo, se pueden dar resultados falsos negativos al inicio del curso de la enfermedad (antes del pico de excreción vírica), debido al efecto de dilución del gran volumen de diarrea, o tras la rápida disminución de la excreción vírica, que tiende a ocurrir entre 10 y 12 días después de la infección (de 3 a 4 días después del desarrollo de los signos clínicos).

La vacunación con la vacuna CPV viva modificada puede dar lugar a resultados positivos falsos en los 4 a 10 días posteriores a la vacunación.

Las formas alternativas de detectar el antígeno del CPV en las heces son ensayo de PCR, microscopía electrónica y aislamiento del virus. El serodiagnóstico de la infección por CPV requiere la demostración de un aumento de cuatro veces en el título de IgG sérica durante un periodo de 14 días o la detección de anticuerpos IgM en ausencia de una vacunación reciente (dentro de las 4 semanas). Esta prueba rara vez se usa.

Tratamiento y pronóstico de la infección por parvovirus canino

  • Aislamiento inmediato de casos sospechosos o confirmados

  • Tratamiento sintomático

  • Tratamiento con anticuerpos monoclonales

En los casos de enteritis parvoviral en perros, las tasas de supervivencia suelen ser mejores para los perros tratados de forma intensiva en el hospital (tasa de supervivencia >90 %). En algunas situaciones, las limitaciones financieras pueden impedir una terapia tan intensiva.

Se han reportado protocolos ambulatorios que muestran una tasa de éxito de aproximadamente el 80 %. Los tratamientos ambulatorios suelen incluir la administración SC de líquidos, la suplementación oral con soluciones electrolíticas y nutrición, y la administración parenteral de antieméticos (maropitant 1 mg/kg, SC, cada 24 horas, según sea necesario para controlar los vómitos) y antimicrobianos (8 mg/kg de cefovecina, SC, una vez) (1, 2, 3).

Los objetivos principales del tratamiento para la enteritis parvoviral en perros son la restauración de anomalías metabólicas, electrolíticas y de líquidos, y la prevención de infecciones bacterianas secundarias.

En ausencia de vómitos considerables, se pueden ofrecer soluciones de electrólitos orales. La administración SC de una solución electrolítica equilibrada isotónica puede ser suficiente para corregir déficits de líquidos leves (<5 %), pero es insuficiente para perros con deshidratación de moderada a grave. La mayoría de los perros se beneficiarán de la fluidoterapia IV con una solución equilibrada de electrolitos. La corrección de la deshidratación, la reposición de las pérdidas continuas de líquidos y el mantenimiento de las necesidades de fluidos son esenciales para un tratamiento eficaz.

Se debe controlar a los perros para detectar el desarrollo de hipopotasemia e hipoglucemia. Si no se pueden monitorear los electrólitos y la concentración sérica de glucosa en sangre de forma rutinaria, es apropiada la suplementación provisional de líquidos IV con cloruro de potasio (complementado en líquidos a 20-40 mEq/L) y dextrosa (complementado en líquidos al 2,5-5 %).

Si la pérdida GI de proteínas es grave (albúmina <2,0 g/dL, proteína total <4,0 g/dL, evidencia de edema periférico, ascitis, derrame pleural, etc.), la transfusión de plasma fresco congelado puede reemplazar parcialmente la albúmina sérica, al tiempo que proporciona inhibidores de la proteasa sérica para contrarrestar la respuesta inflamatoria sistémica. Alternativamente, se pueden considerar productos concentrados de albúmina si están disponibles.

No existe evidencia que respalde el uso de suero de perros recuperados de enteritis por parvovirus canino (suero convaleciente o inmunosuero específico) como medio de inmunización pasiva.

Los antibióticos están indicados debido al riesgo de translocación bacteriana a través del epitelio intestinal dañado y a la probabilidad de neutrocitopenia simultánea. Un antimicrobiano betalactámico (por ejemplo, ampicilina sódica 22 mg/kg, IV, cada 8 horas) proporcionará una cobertura grampositiva y anaeróbica adecuada. En el caso de signos clínicos graves o neutrocitopenia marcada, se indica una cobertura gramnegativa adicional (por ejemplo, enrofloxacino [10-20 mg/kg, IV, cada 24 horas, durante 5-7 días] o gentamicina [9-12 mg/kg, IV, IM o SC, cada 24 horas, durante 5-7 días]).

No deben administrarse antimicrobianos aminoglucósidos hasta que se haya corregido la deshidratación y se haya establecido una fluidoterapia. El enrofloxacino se ha asociado con daños en el cartílago articular en perros de crecimiento rápido de 2 a 8 meses de edad; sin embargo, no es probable que los tratamientos cortos (de 5 a 7 días) causen problemas clínicos. También puede considerarse el uso de cefalosporinas de segunda o tercera generación (p. ej., cefoxitina, ceftazidima, cefovecina) por su espectro de actividad relativamente amplio frente a bacterias grampositivas y gramnegativas. El tratamiento antimicrobiano solo suele ser necesario durante un periodo corto (p. ej., 5-7 días).

Perlas y trampas

  • El enrofloxacino se ha asociado con daños en el cartílago articular en perros en crecimiento, de 2 a 8 meses de edad, tratados durante más de 5 a 7 días.

El tratamiento antiemético está indicado si los vómitos son prolongados, perpetúan la deshidratación y las alteraciones electrolíticas o limitan la administración oral de medicamentos y el apoyo nutricional. En perros con enteritis por parvovirus canino, el maropitant (1 mg/kg, IV o SC, cada 24 horas, según sea necesario, para controlar los vómitos) y el ondansetrón (0,5 mg/kg, IV, cada 8 horas, según sea necesario, para controlar los vómitos) parecen ser igualmente eficaces para el control de los vómitos. Puede considerarse la metoclopramida (0,2-0,5 mg/kg, IM o SC, cada 6-8 horas, según sea necesario, para controlar los vómitos; o idealmente 1-2 mg/kg/día, IV como CRI) como antiemético, así como por sus efectos procinéticos, especialmente en perros con estasis gástrica considerable.

El vómito puede persistir a pesar de la administración de antieméticos. En estos casos, puede estar justificada la valoración de otras causas de vómito, como la intususcepción.

No se recomiendan los antidiarreicos, ya que la retención del contenido intestinal dentro de un intestino afectado aumenta el riesgo de translocación bacteriana y de complicaciones sistémicas.

Las recomendaciones anecdóticas previas para el tratamiento nutricional de la enteritis por parvovirus en perros incluían suspender la comida y el agua hasta que el animal dejara de vomitar. Sin embargo, las pruebas sugieren que la nutrición enteral precoz se asocia con una mejoría clínica precoz, un aumento de peso y una mejor función de la barrera intestinal.

En los perros anoréxicos, debe colocarse una sonda nasoesofágica o nasogástrica para la alimentación continua de una dieta líquida preparada (ya sea una dieta líquida comercial o una dieta enlatada diluida), en el plazo máximo de 12 h después de la hospitalización. Una vez que el vómito ha remitido durante 12-24 h, se recomienda la reintroducción gradual de agua y una dieta blanda, baja en grasa y fácil de digerir, comercial o casera (p. ej., pollo hervido o requesón y arroz bajos en grasa).

La nutrición parenteral, parcial o total, se reserva para los perros con anorexia de más de 3 días que no toleran la alimentación enteral.

En un estudio, el trasplante de microbiota fecal (tomar 10 g de heces de un perro sano, diluirlo en 10 mL de solución salina [NaCl al 0,9 %] y administrarlo por vía rectal entre 6 y 12 horas después del ingreso) en perros con infección por el CPV se asoció con una resolución más rápida de la diarrea y un tiempo de hospitalización más corto (mediana, 3 días) que con el tratamiento de referencia (mediana, 6 días) (4).

El oseltamivir es un fármaco antiviral, generalmente utilizado para tratar las infecciones por el virus de la gripe en humanos. En un estudio de enteritis parvoviral natural en perros, el tratamiento con oseltamivir (2 mg/kg, por vía oral, cada 12 horas, durante 5 días) no disminuyó la duración de la hospitalización, la gravedad clínica de la enfermedad ni la tasa de mortalidad. Sin embargo, los perros tratados no experimentaron adelgazamiento ni disminución en la cifra de leucocitos, como sí se observó en los perros de control no tratados (5). La posibilidad de que los virus de la gripe humana o aviar se vuelvan resistentes a los medicamentos ha llevado a algunos a cuestionar la idoneidad de la administración de oseltamivir a los animales.

Otros tratamientos coadyuvantes, como el factor estimulante de colonias de granulocitos humanos recombinantes, la proteína recombinante bactericida/incrementadora de la permeabilidad y el interferón omega felino, no han demostrado ser beneficiosos.

Un nuevo anticuerpo monoclonal contra el CPV está ahora disponible como tratamiento aprobado condicionalmente. En un estudio experimental, los perros recibieron administración de anticuerpos o solución salina en el momento en que se observó excreción viral en las heces. No se administraron otros tratamientos. Ninguno de los perro que recibieron anticuerpos murió, mientras que el 57 % de los perros que recibieron solución salina murieron (6). Aunque este puede ser un tratamiento prometedor, se necesitarán más estudios en casos clínicos para determinar su eficacia y el momento adecuado de administración.

La intususcepción, la colonización bacteriana de los catéteres intravenosos, la trombosis, la infección del tracto urinario, la septicemia, la endotoxemia, el síndrome de dificultad respiratoria aguda y la muerte súbita son complicaciones potenciales de la enteritis por CPV. La mayoría de los cachorros que sobreviven a los primeros 3-4 días de la enfermedad se recuperan por completo, normalmente en una semana. Con los cuidados de apoyo adecuados, entre el 70 y 90% de los perros con enteritis parvoviral sobrevivirán. Los perros que se recuperan desarrollan inmunidad a largo plazo, posiblemente de por vida.

Prevención y control del parvovirus canino

El parvovirus canino, como virus sin envoltura, es resistente a muchos detergentes y desinfectantes comunes, así como a los cambios de temperatura y pH. El CPV puede permanecer viable en el entorno durante un período prolongado. El CPV infeccioso puede persistir en interiores a temperatura ambiente durante al menos 2 meses; en exteriores, si se protege de la luz solar y de la desecación, el virus puede persistir durante muchos meses y posiblemente años.

Para limitar la contaminación ambiental y la propagación del virus a otros animales susceptibles, el personal que manipule perros con enteritis parvoviral, confirmada o presunta, debe seguir procedimientos estrictos de aislamiento (por ejemplo, alojamiento en aislamiento, uso de batas y guantes antes de la manipulación, limpieza frecuente y exhaustiva, pediluvios, etc.). Todas las superficies deben limpiarse de materia orgánica macroscópica y luego desinfectarse con una solución de lejía diluida (1:30) o con un desinfectante de peróxido de oxígeno, peroximonosulfato de potasio o peróxido de hidrógeno acelerado. Se pueden utilizar las mismas soluciones en los pediluvios para desinfectar el calzado.

Para prevenir y controlar el CPV, se recomienda la vacunación con una vacuna de virus vivo modificado a las 6-8, 10-12 y 14-16 semanas de edad, seguida de una revacunación al año y posteriormente cada 3 años. Debido al daño potencial del CPV en las células miocárdicas o cerebelosas, en perras gestantes o en cachorros privados de calostro vacunados antes de las 6-8 semanas de edad están indicadas las vacunas inactivadas en lugar de las de virus vivo modificado.

Se ha sugerido que la presencia de anticuerpos frente al CPV adquiridos por vía materna puede interferir en la eficacia de la vacunación en cachorros <8-10 semanas de edad. Sin embargo, las vacunas actuales de virus vivo modificado son lo suficientemente inmunógenas como para proteger a los cachorros frente a la infección en presencia de concentraciones bajas de anticuerpos maternos interferentes, y la vacunación de cachorros de 4 semanas con una vacuna de alto título antigénico induce seroconversión y puede reducir la ventana de susceptibilidad a la infección. Las vacunas actuales protegen igual de bien contra el CPV-2 y otras cepas del virus.

En las perreras, refugios u hospitales, deben limpiarse las jaulas y el equipo (incluida la eliminación de material orgánico como heces, orina y vómito para mejorar la actividad de los desinfectantes), desinfectarse y secarse dos veces, antes de volver a usarse. Los desinfectantes virucidas son hipoclorito de sodio al 5 % (lejía) diluido en agua en una proporción de 1:32, peroximonosulfato de potasio y peróxido de hidrógeno acelerado. Los desinfectantes de amonio cuaternario no son desinfectantes fiables contra el parvovirus.

Se pueden aplicar los mismos conceptos a una situación doméstica. La eliminación de material orgánico contaminado es importante en situaciones al aire libre donde no es factible la desinfección completa. Los desinfectantes se pueden aplicar en exteriores con mangueras de rociado; sin embargo, la desinfección será menos eficaz que cuando se aplica en superficies interiores limpias.

Solo pueden introducirse en un hogar donde haya habido un perro con enteritis parvoviral recientemente cachorros completamente vacunados (a las 6, 8 y 12 semanas) o perros adultos completamente vacunados. La vacunación de refuerzo en perros sanos en contacto que están al día con la vacunación frente al parvovirus es razonable, pero potencialmente innecesaria, dada la larga duración de la inmunidad frente al CPV.

Conceptos clave

  • La enteritis parvoviral es una enfermedad GI aguda altamente contagiosa en perros jóvenes no vacunados.

  • El diagnóstico se basa en la semiótica, los antecedentes, los signos clínicos y las pruebas de antígeno viral fecal o el ensayo de PCR viral.

  • El tratamiento requiere cuidados sintomáticos con líquidos, antieméticos, antimicrobianos y apoyo nutricional.

Para más información

Referencias

  1. Sarprong KJ, Lukowski JM, Knapp CG. Evaluation of mortality rate and predictors of outcome in dogs receiving outpatient treatment for parvoviral enteritis. J Am Vet Med Assoc. 2017;251(9):1035-1041. doi:10.2460/javma.251.9.1035

  2. Perley K, Burns CC, Maguire C, et al. Retrospective evaluation of outpatient canine parvovirus treatment in a shelter-based low-cost urban clinic. J Vet Emerg Crit Care (San Antonio). 2020;30(2):202-208. doi:10.1111/vec.12941

  3. Venn EC, Preisner K, Boscan PL, Twedt DC, Sullivan LA. Evaluation of an outpatient protocol in the treatment of canine parvoviral enteritis. J Vet Emerg Crit Care (San Antonio). 2017; 27(1):52-65. doi:10.1111/vec.1256

  4. Pereira GQ, Gomes LA, Santos IS, Alfieri AF, Weese JS, Costa MC. Fecal microbiota transplantation in puppies with canine parvovirus infection. J Vet Intern Med. 2018;32(2):707-711. doi:10.1111/jvim.15072

  5. Savigny MR, Macintire DK. Use of oseltamivir in the treatment of canine parvoviral enteritis. J Vet Emerg Crit Care (San Antonio). 2010;20(1):132-142. doi:10.1111/j.1476-4431.2009.00404.x

  6. Larson L, Miller L, Margiasso M, et al. Early administration of canine parvovirus monoclonal antibody prevented mortality after experimental challenge. J Am Vet Med Assoc. 2024;262(4):506-512. doi:10.2460/javma.23.09.0541