Las fracturas óseas son con frecuencia consecuencia de accidentes de automóvil, armas de fuego, peleas o caídas. Las fracturas pueden afectar a uno o varios huesos.
Las características de la fractura (simple, conminuta, oblicua, transversal o espiral) dependen de las fuerzas que actúan en el traumatismo (arqueo, compresión, tensión y rotación).
Las fracturas se pueden clasificar como abiertas o cerradas en función de si existe una herida externa asociada a través de la cual la fractura se comunica con el medio exterior. En el caso de las fracturas abiertas, se utilizan esquemas de clasificación como la clasificación de Gustilo-Anderson para describir el grado de daño de los tejidos blandos y el mecanismo de la lesión, con el fin de facilitar la estandarización del tratamiento y el pronóstico (1).
Los signos clínicos comprenden invariablemente cojera, dolor e hinchazón.
La radiografía o la TC son útiles para delinear el patrón de fractura (vea la ).
Los tratamientos están basados en el tipo de fractura, edad y salud del animal, en la pericia técnica del cirujano y capacidad económica del propietario.
Radiografía de la extremidad posterior de un perro con fracturas conminutas oblicuas de la diáfisis femoral proximal.
Cortesía del Dr. Ronald Green.
El tratamiento para perros jóvenes y sanos con fracturas incompletas puede incluir férulas externas o yesos. Otras lesiones se tratan con dispositivos externos (fijadores) o internos, como placas óseas, tornillos, cerclajes ortopédicos, clavos entrelazados y agujas de fijación. Con frecuencia se usan injertos óseos esponjosos para acelerar la curación de la fractura en pacientes enfermos o de edad avanzada.
En las fracturas abiertas o reparaciones prolongadas, se administran antimicrobianos. Para aliviar las molestias se utilizan analgésicos perioperatorios (p. ej., bloqueos nerviosos locales o epidurales, parches cutáneos narcóticos, narcóticos sistémicos [incluida la infusión de frecuencia continua], AINE orales).
La fisioterapia o la rehabilitación son fundamentales para restaurar la función de la extremidad y el bienestar general.
El pronóstico para la mejoría suele ser bueno según la naturaleza de la lesión y del éxito de la reparación; una terapia exitosa de la herida y monitorización de las funciones cardiopulmonar y urológica son esenciales.
Los cuidados de seguimiento incluyen la determinación radiográfica y clínica de la cicatrización de la fractura. Es posible que no sea necesario retirar los implantes internos a menos que se desarrollen complicaciones como protección contra el estrés, infección o irritación de los tejidos blandos.
Para más información
Referencias
Gustilo RB, Anderson JT. Prevention of infection in the treatment of one thousand and twenty-five open fractures of long bones: retrospective and prospective analyses. J Bone Joint Surg Am. 1976;58(4):453-458.