VERSIÓN PARA PROFESIONALES

Sordera en animales

PorPeter M. Scheifele, PhD, University of Cincinnati FETCHLAB
Revisado/Modificado Modificado ago 2025
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Los animales pueden perder el sentido del oído o nacer sin él. La sordera se asocia con mayor frecuencia a fenotipos de pigmentación específicos, incluido el color de pelaje blanco, y es hereditaria. También se produce la hipoacusia adquirida, como consecuencia de la edad, la otitis o el traumatismo por ruido. Los signos clínicos pueden estar ausentes con la sordera unilateral; la sordera bilateral produce una falta de respuesta a los estímulos sonoros. Las pruebas especializadas (como la respuesta auditiva evocada del tronco encefálico o BAER) establecen el diagnóstico más definitivo. El tratamiento exitoso de la obstrucción del canal auditivo puede mejorar la hipoacusia asociada, pero generalmente no hay ningún tratamiento disponible para otras formas de sordera.

La sordera (ausencia de percepción del sonido) y la disminución de la audición son comunes en los perros, los gatos y, en menor grado, otras especies. La afección puede ser hereditaria o adquirida, congénita o de aparición tardía y neurosensorial (debido a la pérdida de células cocleares) o conductiva (porque el sonido no puede llegar a la cóclea a causa una infección, obstrucción o daño). La sordera en los perros y gatos suele ser congénita y hereditaria y se asocia a la pigmentación blanca. La sordera puede ser leve, moderada, grave o total. En animales adultos y geriátricos, la sordera puede deberse a una otitis, toxicosis por fármacos, traumatismo por ruido o hipoacusia relacionada con la edad.

La sordera hereditaria, generalmente congénita, puede ser de origen cocleosacular o neuroepitelial. La sordera cocleosacular es más común en los perros con genes de pigmentación piebald o merle y en los gatos de pelaje blanco. Puede ser unilateral o bilateral y a menudo se asocia con los ojos azules y la pigmentación blanca. Los oídos afectados pierden completamente la percepción del sonido. La sordera asociada a anomalías de la pigmentación también se da en equinos, bovinos, porcinos y otras especies. La sordera hereditaria es el tipo de sordera más común en los perros y gatos y debe ser el primer diagnóstico que se contemple en un animal con pigmentación blanca.

La sordera cocleosacular se presenta entre 1 y 3 semanas después del nacimiento, secundaria a la degeneración de la estría vascular como consecuencia de la supresión de los melanocitos por el gen de la pigmentación, lo que produce la degeneración neuronal cocleosacular. La sordera unilateral en animales puede pasar desapercibida sin una prueba de respuesta auditiva evocada del tronco encefálico (BAER) (consulte la ); no obstante, los animales con sordera unilateral transmitirán un mayor riesgo de sordera a su descendencia cuando se reproduzcan. La herencia no es simplemente autosómica.

La sordera neuroepitelial no se asocia con los patrones de pigmentación, suele ser bilateral y se debe a la pérdida primaria de células ciliadas entre 1 y 3 semanas después del nacimiento, pero sin afectar la estría vascular. Los signos vestibulares también pueden estar presentes (p. ej., en los dóberman pinscher).

La sordera hereditaria en perros de edad media se ha documentado en varias razas (border collie y crestado rodesiano), pero la patología y el mecanismo de herencia no se han definido.

La sordera congénita, generalmente hereditaria, afecta a más de 100 razas de perros y es especialmente prevalente en las razas portadoras del gen piebald (dálmata, dogo argentino, leopardo de catahoula, bull terrier, boyero australiano, setter inglés, cocker spaniel inglés, boston terrier y parson russell terrier) y en las razas portadoras del gen merle. La sordera congénita es muy prevalente en los gatos blancos (gen de pigmentación blanca dominante), especialmente en aquellos con ojos azules, pero algunos gatos de ojos azules (siameses y razas relacionadas) no parecen estar afectados.

Las pruebas de ADN están disponibles solo para algunas formas de sordera genética, como la sordera no sindrómica en los rottweilers (mutación de LOXHD1) y la sordera hereditaria en los doberman pinschers (mutación de PTPRQ). (Se han identificado dos mutaciones genéticas causantes en los doberman pinschers [1]). En consecuencia, las pruebas de BAER y la cría selectiva informada son a menudo las mejores herramientas de detección disponibles para reducir la prevalencia entre las razas.

La sordera de conducción (o conductiva) ocurre cuando el sonido no puede llegar eficazmente a la cóclea debido a una infección, obstrucción o daño. Por lo general, es una consecuencia de la otitis media, otitis externa crónica o exceso de cerumen y, con menos frecuencia, de la ruptura del tímpano o lesión de los huesecillos del oído. La resolución de la obstrucción o del daño tisular normalmente restaura la audición. La recuperación tras la otitis media puede tardar semanas mientras el cuerpo fagocita el residuo de la infección y la audición se restaura progresivamente. La otitis media secretora primaria (otitis adhesiva), principalmente en los cavalier king charles spaniels, produce una sordera de conducción persistente que puede tratarse con miringotomía, osteotomía de la bulla timpánica o tubos de timpanostomía. La resección del canal auditivo produce una disminución de la audición, pero no causa necesariamente una sordera total.

La sordera neurosensorial se debe a la pérdida de las células del nervio coclear (ciliadas) y no es reversible en mamíferos. Según la experiencia clínica, los audífonos tienen un efecto limitado. La sordera neurosensorial adquirida puede deberse a una infección o toxinas intrauterinas, otitis interna o meningitis, traumatismo mecánico o por ruido, efectos ototóxicos, anestesia, neoplasias o envejecimiento (presbiacusia). La pérdida puede ser bilateral o unilateral, y parcial o completa. La otitis interna con frecuencia se acompaña de signos vestibulares, como ladeo de cabeza y movimientos circulares. Los perros de caza, policía o militares expuestos a fuertes sonidos de percusión (por ejemplo, disparos) experimentan pérdidas acumulativas que inicialmente pueden pasar desapercibidas. Cuando los perros de caza presentan sordera neurosensorial debido a un traumatismo por ruido, la distancia a partir de la cual pueden responder a las órdenes se reduce a la mitad o más. Hay disponibilidad de dispositivos de protección auditiva.

Varios fármacos y productos químicos son potencialmente ototóxicos y vestibulotóxicos, especialmente los antimicrobianos aminoglucósidos (gentamicina y amikacina), los fármacos antineoplásicos (cisplatino), los salicilatos, los diuréticos del asa (furosemida) y los antisépticos (clorhexidina). El daño de la toxicosis suele ser permanente. La más común es la toxicosis por aminoglucósidos. La capacidad de escuchar frecuencias altas, muy por encima del rango de la percepción auditiva humana, se ve afectada primero, lo que ralentiza el reconocimiento de la hipoacusia por parte de los propietarios de mascotas; en consecuencia, es posible que no se detecte hasta semanas después de que se haya descontinuado el tratamiento farmacológico.

Perlas y trampas

  • Varios fármacos y productos químicos son potencialmente ototóxicos y vestibulotóxicos, especialmente los antimicrobianos aminoglucósidos (gentamicina y amikacina), los fármacos antineoplásicos (cisplatino), los salicilatos, los diuréticos del asa (furosemida) y los antisépticos (clorhexidina).

Los perros y gatos sometidos a anestesia general para una limpieza de dientes o de oídos pueden ocasionalmente despertar con sordera bilateral, aunque se desconocen los mecanismos que la desencadenan, que pueden ser conductivos o neurosensoriales. Son escasos los casos registrados por procedimientos en otras regiones del cuerpo además de la boca y el oído, y no se ha documentado sordera unilateral por procedimientos anestésicos.

Muchos animales geriátricos desarrollan presbiacusia (hipoacusia relacionada con la edad). Las frecuencias medias a altas se ven afectadas primero, seguidas de una pérdida progresiva en todas las frecuencias. La pérdida de audición puede tener un inicio agudo, pero refleja la incapacidad final del animal para compensar la pérdida progresiva que se ha estado desarrollando con el tiempo. No parece haber una diferencia de género en la prevalencia. El inicio se desencadena frecuentemente en el último tercio de la vida, según la esperanza de vida de la raza, y progresará hasta provocar una sordera completa si el animal vive lo suficiente.

Los animales con sordera unilateral presentan pocos signos clínicos. Los principales signos pueden ser la incapacidad para localizar el origen del sonido y la tendencia a orientarse hacia el oído sano, pero muchos animales compensan y no presentan signos clínicos. Los movimientos bilaterales orientados de los pabellones auriculares persisten en los animales con sordera unilateral. Los animales con sordera bilateral no responden a los estímulos sonoros, pero comienzan a prestar atención a otros sentidos como la visión y la vibración. Los animales afectados siguen el comportamiento de sus compañeros de camada o de otras mascotas de la casa que responden a los sonidos.

Los criadores de razas de perros altamente propensas a la sordera a menudo optan por sacrificar a los animales con sordera bilateral (y esterilizar o castrar a aquellos con sordera unilateral) debido a la posibilidad de que un perro sordo tenga una mala calidad de vida y de que propietario tenga una mayor responsabilidad por los comportamientos impredecibles del perro, como morder por sobresalto. Los perros con sordera bilateral pueden ser criados con éxito, pero se requiere más dedicación de lo normal. Los propietarios de perros han utilizado con éxito la obediencia, las señales manuales y el lenguaje de señas para mejorar la comunicación con los perros sordos. Se debe aconsejar a los propietarios de perros sordos que protejan a sus mascotas contra peligros no detectables, como los vehículos a motor.

Los perros que pierden la audición más adelante en la vida parecen sobrellevar bien la situación, pero ocasionalmente exhiben comportamientos transitorios que sugieren sensaciones auditivas similares a los acúfenos subjetivos en los seres humanos. Tales comportamientos transitorios incluyen no prestar atención a las órdenes vocales o sonidos en general y permanecer rutinariamente donde puedan ver a sus propietarios. No hay evidencia sobre si los animales sordos experimentan dolor o malestar por la afección.

El diagnóstico de la sordera es más preciso con la prueba de BAER en centros de referencia (consulte las imágenes de los y de los ); sin embargo, las pruebas de comportamiento se emplean de forma recurrente en la clínica diaria. Las pruebas de comportamiento para la sordera consisten en observar la respuesta a un estímulo sonoro fuera del campo visual del animal. Las limitaciones de las pruebas de comportamiento incluyen la incapacidad para identificar la sordera unilateral, la detección de estímulos a través de otros sentidos, las respuestas alteradas en animales estresados y las respuestas fallidas ante un estímulo repetido. La incapacidad de un animal dormido para despertar ante un estímulo auditivo que no activa otros sentidos es un indicador de sordera bilateral en el entorno doméstico.

Una evaluación exhaustiva para determinar el umbral de audición y la función del oído medio consiste en una prueba de umbral BAER y una prueba de emisiones otoacústicas (prueba que mide los sonidos débiles producidos por la vibración de las células ciliadas cocleares ante un sonido para determinar la función de dichas células).

El examen otoscópico del oído externo y el tímpano, la evaluación radiografía o TC de las bullas timpánicas y el examen neurológico podrían revelar la causa, particularmente en la sordera conductiva, que habitualmente responde al tratamiento médico o quirúrgico. El tratamiento precoz de la ototoxicidad puede reducir o revertir la pérdida auditiva, pero no suele ser exitoso. Una vez desarrollada, la sordera neurosensorial no puede revertirse y su causa no puede determinarse. La sordera congénita en razas con pigmentación blanca casi siempre tiene un origen genético.

Conceptos clave

  • La mayoría de las sorderas en los perros y gatos son congénitas y hereditarias y están asociadas a pigmentación blanca y ojos azules.

  • La sordera puede ser leve, moderada, grave o total, así como unilateral o bilateral.

  • La sordera neurosensorial es irreversible, mientras que la sordera conductiva suele resolverse.

  • La pérdida auditiva en animales de edad mediana o avanzada suele ser el resultado de una otitis, otoxicidad, traumatismo por ruido o presbiacusia.

  • La prueba de BAER y la prueba de emisiones otoacústicas pueden utilizarse para confirmar y caracterizar la sordera en animales.

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Referencias