VERSIÓN PARA PROFESIONALES

Necesidades nutricionales de las cabras

PorRobert J. Van Saun, DVM, MS, PhD, DACT, DACVN, Pennsylvania State University
Revisado/Modificado Modificado jul 2025
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Las cabras se consideran pequeños rumiantes, categoría que incluye también a ovejas, camélidos sudamericanos y muchos cérvidos. Aunque las cabras y las ovejas son similares en muchos aspectos, tienen necesidades nutricionales muy diferentes (consulte Nutrición: Ovejas). Las cabras son ramoneadoras intermedias, lo cual significa que seleccionan ramaje, hierbas y otros materiales vegetales fácilmente digeribles, y también comen pasto; en cambio, las ovejas tienden a ser exclusivamente pastadoras. Las cabras se adaptan a pastar, pero son más sensibles que las ovejas a la ingesta de fibra vegetal. Las cabras pueden consumir hasta el 6,5 % de su peso corporal en materia seca, lo que resulta en una mayor velocidad de tránsito a través del aparato digestivo. Esta mayor velocidad de tránsito limita su capacidad para digerir forrajes de baja calidad. Las cabras son más tolerantes a la ingesta de cobre que las ovejas y pueden estar predispuestas a la deficiencia de cobre si se alimentan con productos minerales formulados para ovejas.

Metabólicamente, las cabras lecheras están al mismo nivel que las vacas lecheras de alta producción y requieren dietas ricas en energía, que pueden predisponerlas a la acidosis ruminal. La ingesta insuficiente da como resultado la pérdida de peso y condición corporal, lo que puede conducir a enfermedades metabólicas y problemas de reproducción. Las cabras lecheras pueden mantener una lactación prolongada, de más de 3 años, con buena producción de leche, en contraste con las vacas lecheras. Como especie de camada, las cabras requieren una alta ingesta de nutrientes para mantener el último periodo de la gestación; la ingesta o el contenido dietético insuficientes pueden provocar toxemia gravídica.

La evaluación nutricional en cabras debe realizarse mediante la puntuación rutinaria de la condición corporal, especialmente en lo que se refiere a la ingesta de energía.

Consulte también Atención sanitaria preventiva y cría de cabras: Nutrición en cabras.

Necesidades de agua de las cabras

Las cabras necesitan acceso ilimitado a agua fresca, limpia y potable. Aunque se encuentran entre los animales domésticos más eficientes en su uso del agua, las cabras pueden morir por una pérdida de agua corporal de solo el 10 %. Las cabras están menos sujetas al estrés por altas temperaturas que otras especies de ganado doméstico, pero deben mantenerse en ambientes que proporcionen sombra. Además de requerir menos evaporación del agua corporal para mantener la comodidad en climas cálidos, las cabras pueden conservar agua corporal al disminuir las pérdidas a través de la orina y las heces.

Los factores que afectan la ingesta de agua en cabras son la temperatura ambiental, el contenido de agua del forraje consumido, la cantidad de ejercicio, la etapa de producción (crecimiento, mantenimiento, lactación o gestación) y la ingesta de sal y minerales en la dieta. Las cabras que pastan en pastos exuberantes pueden requerir mucha menos agua potable que las que se alimentan de heno seco. Aún así, es imperativo dar a todas las cabras libre acceso al agua, independientemente de su edad, raza, propósito, etapa de la vida o entorno.

El requerimiento diario de agua está relacionado con el peso corporal o la ingesta de materia seca. Para las cabras en la etapa de mantenimiento, la ingesta diaria de agua debe ser del doble o el triple de la ingesta de materia seca, en general, de 1,5 a 3,3 L de agua por día. La lactación aumenta considerablemente el requerimiento de ingesta de materia seca al cuádruple o quíntuple. Las necesidades de agua para el crecimiento y la gestación se sitúan entre las requeridas para el mantenimiento y las de la lactación.

La calidad del agua también es importante. Los minerales disueltos, que pueden alterar la palatabilidad del agua, se pueden medir como sólidos disueltos totales (TDS) o como "dureza" (contenido de calcio y magnesio). Una concentración de TDS <1000 mg/L (<1000 ppm) se considera segura para todo el ganado, mientras que concentraciones de 1000 mg/L-5000 mg/L se consideran satisfactorias. El agua con una concentración de TDS de 5000-7000 mg/L solo es adecuada para animales preñados o lactantes, y debe evitarse el agua con una concentración de TDS >10 000 mg/L.

De especial preocupación para las cabras es el contenido de sulfato soluble, ya que los microbios del rumen pueden transformar los sulfatos en sulfuros, los cuales se unen al cobre y a otros minerales, impidiendo que estén disponibles para el organismo. Los sulfatos solubles totales en el agua potable deben ser <500 mg/L (500 ppm).

Necesidades energéticas de las cabras

Después del agua, la energía es el requerimiento dietético más importante para las cabras. La energía dietética se puede medir en términos de energía digerible (ED), energía metabolizable (EM) o nutrientes digeribles totales (NDT). La EM es la medida preferida en cabras, ya que tiene en cuenta las pérdidas de fermentación en el rumen. Los requerimientos de NDT se sitúan entre los de ED y EM, y los NDT son la medida más utilizada, ya que se incluye en la mayoría de los informes de análisis de alimentos.

El suministro insuficiente de energía es un problema común en cabras altamente productivas (es decir, aquellas en etapas de preñez, crecimiento y lactación) y puede deberse a una disponibilidad inadecuada de alimento o a una dieta de baja calidad. Por el contrario, las cabras en la etapa de mantenimiento y las cabras de compañía pueden ser propensas a la ingesta excesiva de energía, lo que conduce a la obesidad. Las necesidades energéticas se ven influenciadas por el peso corporal, la condición corporal, el sexo, el tipo de raza (láctea o de carne), la etapa de producción (crecimiento, mantenimiento, gestación y lactación) y las condiciones ambientales. La temperatura ambiental, la humedad y la velocidad del viento pueden incrementar los requisitos energéticos. El esquileo del mohair de las cabras de Angora y de la pashmina de las cabras de Cachemira disminuye el aislamiento y da como resultado un aumento de las necesidades de energía (al menos en entornos fríos).

La actividad de pastoreo en las cabras puede ser escasa, en animales de cría intensiva; moderada, en cabras que pastan en tierras semiáridas; y frecuente, en cabras que se alimentan en pastizales con escasa vegetación o en zonas montañosas que requieren recorridos diarios de larga distancia. El aumento de la actividad eleva la necesidad de energía de mantenimiento. Las afecciones médicas concomitantes (p. ej., parasitismo, enfermedades dentales, artritis) pueden aumentar las necesidades energéticas, aunque no se tienen en cuenta en los modelos de requisitos.

El mejor indicador de una ingesta suficiente de energía en cabras es la condición corporal apropiada (es decir, la cubierta de grasa, especialmente sobre lomo, esternón, parte interna del muslo y costillas). La puntuación estandarizada de condición corporal varía de 1 (extremadamente delgada) a 5 (extremadamente obesa). El rango óptimo para las cabras es de 2,5-3,0. Las puntuaciones pueden ser ligeramente más bajas en cabras lactantes, mientras que se buscan puntuaciones algo más altas para una cría exitosa y durante las primeras etapas del embarazo. Las puntuaciones <2,0 y >3,5 son indeseables y podrían reflejar problemas nutricionales y riesgo de enfermedad. Si las cabras no tienen parásitos ni enfermedades, pero no presentan una buena condición corporal, es probable que estén recibiendo una dieta deficiente en energía; lo contrario se aplica a los animales obesos. Las cabras deben ser monitoreadas regularmente, para detectar cambios en la grasa corporal, mediante el sistema de puntuación estándar, y dichas puntuaciones deben registrarse en los sistemas de registros médicos individuales y del rebaño, para facilitar la toma de decisiones objetivas sobre la suficiencia energética de la dieta a largo plazo.

Las cabras son más activas metabólicamente que las ovejas y, por lo tanto, tienen un mayor requerimiento de energía de mantenimiento por unidad de peso corporal metabólico (PCM kg0,75). Las razas lecheras tienen un mayor requerimiento de mantenimiento que las razas no lecheras. La cantidad de energía necesaria para sostener el crecimiento depende tanto de la tasa de crecimiento como de la composición de la ganancia de peso. La ganancia de peso temprana es más eficiente desde el punto de vista energético, ya que consiste principalmente en proteínas y el agua asociada, mientras que la ganancia en animales más viejos y destetados se debe principalmente a la deposición de grasa, que requiere más energía por unidad de tejido acumulado. Los requerimientos energéticos durante la gestación dependen del peso total de los fetos al nacer y del día de gestación. Las necesidades energéticas de la lactación dependen de la producción y composición de la leche (es decir, de su contenido de proteínas y energía).

El informe Nutrient Requirements of Small Ruminants (Necesidades Nutricionales de los Pequeños Rumiantes) (2007) del National Research Council proporciona una tabla con las necesidades energéticas de las cabras en todas las etapas de producción. Las dietas que contienen 1,91, 2,39 y 2,87 kcal EM/kg satisfacen los requisitos energéticos de mantenimiento, productividad moderada y productividad alta, respectivamente. 

Necesidades proteicas de las cabras

La proteína dietética proporciona los aminoácidos necesarios para la mayoría de las funciones corporales, incluido el mantenimiento, el crecimiento, la reproducción, la lactación, la producción de pelo y la función inmunitaria. La nutrición proteica en cabras es complicada: una dieta adecuada debe proporcionar fuentes de nitrógeno dietético para las poblaciones microbianas del rumen y luego satisfacer cualquier necesidad adicional de aminoácidos con fuentes de proteínas dietéticas no degradadas en el rumen (es decir, proteínas sobrepasantes). El objetivo es optimizar el crecimiento microbiano del rumen a través de un equilibrio dietético de carbohidratos fermentables y proteínas degradables en el rumen (RDP). Los microbios del rumen no solo digieren estos carbohidratos (heno y pasto) en proteínas utilizables para la cabra, sino que también sirven de fuente importante de proteínas para el animal. Los microbios del rumen son aproximadamente un 50 a 60 % de proteína bruta, que es de alta calidad para satisfacer las necesidades de aminoácidos de las cabras. Una dieta baja en RDP también disminuye la fermentación de la fibra vegetal y la ingesta de materia seca, debido a su efecto sobre la población microbiana del rumen.

"Proteína bruta" (definida como el contenido de nitrógeno del alimento × 6,25) es el término utilizado para describir el contenido de proteína de la dieta; sin embargo, no refleja adecuadamente la diferencia entre RDP y proteína sobrepasante. En las cabras, debido a su mayor velocidad de digestión, la cantidad de proteínas que escapan a la degradación ruminal es mayor que en las ovejas y el ganado vacuno que consumen los mismos alimentos. La proteína metabolizable (PM) es la suma de la proteína microbiana y la proteína sobrepasante dietética disponible para su digestión y absorción en el intestino. Sin embargo, la PM no es directamente medible; se predice utilizando sofisticados modelos dinámicos del rumen. Con el fin de garantizar una RDP adecuada para satisfacer las necesidades microbianas, generalmente se recomienda un requerimiento mínimo de proteínas degradables proporcionado por el 5-7 % de la ingesta de materia seca (50-70 g/kg de materia seca).

Las proteínas no se pueden almacenar en el cuerpo. Si las cabras no reciben suficientes proteínas a través de la dieta, sus cuerpos comienzan a catabolizar proteínas en la sangre, el hígado y el músculo en un esfuerzo por movilizar los aminoácidos disponibles para funciones metabólicas críticas. La degradación intensa y prolongada de proteínas corporales predispone a las cabras a sufrir consecuencias graves e incluso mortales de la enfermedad. La deficiencia de proteína puede afectar la función inmunitaria, así como la integridad de la barrera intestinal, lo que lleva a la translocación bacteriana entérica y al choque séptico. La alimentación con proteínas adicionales, pero no energía, al final de la gestación puede aumentar la respuesta inmunitaria de las hembras y disminuir el número de huevos de parásitos en las heces, que normalmente aumentan en el momento del parto (p. ej., aumento periparto).

El requerimiento mínimo de proteína bruta dietética para las cabras es del 7 % (70 g/kg) de la ingesta de materia seca. Los requisitos se incrementan para apoyar el crecimiento, la gestación y la lactación. En cabritos, se necesita más proteína para apoyar una mayor acumulación de tejido proteico; sus requerimientos de proteína bruta en la dieta oscilan entre el 16 % (160 g/kg) de materia seca para las crías muy pequeñas y el 10 % (100 g/kg) de materia seca para las crías destetadas y en crecimiento. Los requerimientos de proteínas durante la gestación dependen del número de fetos y aumentan significativamente solo en el último tercio. Se recomienda un requerimiento mínimo de proteína bruta del 12 % (120 g/kg de materia seca), aunque podrían ser necesarias concentraciones de hasta el 16 % (160 g/kg de materia seca) en hembras con fetos múltiples. Las hembras lecheras altamente productivas pueden tener un requerimiento de proteína bruta de hasta el 20 % (200 g/kg) de la ingesta de materia seca durante la lactación temprana, y esto puede disminuir al 12 % (120 g/kg) en la lactación tardía.

Los forrajes de gramíneas contienen cantidades suficientes de proteínas dietéticas para su mantenimiento; sin embargo, las cabras lactantes, en crecimiento, enfermas o debilitadas pueden necesitar dietas fortificadas con legumbres o suplementos proteicos (p. ej., harina de soja, harina de semilla de algodón, granos de destilería o cerveceros, harina de canola, harina de gluten de maíz). El contenido de nutrientes del ramoneo y las forrajeras no está bien documentado; los datos disponibles indican que tienen una buena composición nutricional, similar a la de los forrajes de leguminosas. Si se les da la oportunidad, las cabras son capaces de seleccionar recursos alimenticios de alta calidad durante el ramoneo.

Necesidades minerales de las cabras

Los requerimientos minerales, para el mantenimiento corporal y las funciones productivas en cabras, pueden describirse con modelos factoriales. Las necesidades de mantenimiento representan la mayor proporción del requerimiento diario de cada mineral y dependen del peso corporal y de la ingesta de materia seca. Los minerales necesarios para el crecimiento son los depositados en el tejido o hueso en desarrollo. Los minerales necesarios durante la gestación son los que se pierden en el desarrollo del producto de la concepción (es decir, útero, placenta y fetos). Los requerimientos minerales de la lactación dependen de los minerales perdidos en la leche.

Se han descrito modelos factoriales detallados para las necesidades minerales en ovejas, pero no en cabras. Los estudios del metabolismo mineral en cabras han abordado principalmente los requisitos de macrominerales, especialmente calcio y fósforo. Los modelos de requisitos para la mayoría de los oligoelementos no se han establecido definitivamente para las cabras, ni a nivel de mantenimiento ni de producción. Si no se ha desarrollado ningún modelo, se puede utilizar la concentración recomendada de minerales en la dieta proporcionada por el National Research Council.

La alimentación para satisfacer las necesidades minerales de los caprinos maximiza su producción, reproducción y sistema inmunitario. La nutrición mineral en las cabras, al igual que en otros rumiantes, es compleja debido a las interacciones entre minerales y al efecto del ambiente ruminal sobre la biodisponibilidad de los minerales de la dieta.

Necesidades de macrominerales en las cabras

Los macrominerales son elementos dietéticos requeridos en gramos por día. Sirven como componentes de la estructura ósea, electrólitos que participan en el equilibrio ácido-base y elementos en gradientes iónicos de membrana, conducción nerviosa, contracción muscular y enlaces de alta energía, entre otras funciones. Los macrominerales clave para la nutrición caprina son los siguientes:

  • calcio

  • fósforo

  • magnesio

  • sodio

  • cloruro

  • potasio

  • azufre

Las necesidades de calcio en cabras de Angora o de carne generalmente se satisfacen en condiciones de pastoreo; sin embargo, en cabras lecheras de alta producción, se deben verificar las concentraciones, ya que la deficiencia de calcio puede conducir a una disminución de la producción de leche. Las cabras al final de la gestación necesitan más calcio para soportar el desarrollo óseo fetal y prevenir la hipocalcemia gestacional. Algunas hembras lecheras de alta producción también pueden desarrollar hipocalcemia posparto si no reciben el calcio suficiente. En las cabras que ramonean o se alimentan con granos, suele ser suficiente con añadir un suplemento de calcio (p. ej., fosfato dicálcico, piedra caliza) a la alimentación o a una mezcla de sal y oligoelementos. Las leguminosas forrajeras (p. ej., trébol, alfalfa, kudzu, trébol de pata de pájaro) también son buenas fuentes de calcio. Los requerimientos de calcio en la dieta de las cabras son del 0,18 % (1,8 g/kg de materia seca) para el mantenimiento y del 0,65 % (6,5 g/kg de materia seca) para la lactación.  

El fósforo es a menudo el mineral más escaso en animales de pastoreo, ya que los pastos son bajos en fósforo. La fertilización del suelo puede aumentar el contenido de fósforo en plantas, y el exceso de fertilización puede hacer que el contenido de fósforo exceda potencialmente los requisitos de los animales. El pH del suelo es un determinante importante del contenido de calcio y fósforo de las plantas, y los suelos neutros absorben estos minerales de manera más eficiente. Si los suelos ácidos no se tratan con piedra caliza para neutralizar el pH, los forrajes pueden volverse deficientes en calcio y altos en fósforo, lo que puede provocar enfermedades nutricionales en las cabras que los consumen.

La deficiencia de fósforo da como resultado un crecimiento lento, malnutrición y, ocasionalmente, apetito depravado (p. ej., pica). Las cabras pueden mantener la producción de leche con dietas deficientes en fósforo durante varias semanas al utilizar el fósforo de las reservas corporales; sin embargo, con una deficiencia prolongada de fósforo, la producción de leche disminuirá drásticamente. Se recomienda una relación calcio:fósforo en la dieta de 1,5:1 a 2:1, porque las cabras están predispuestas a cálculos urinarios. La ingesta excesiva de fósforo, incluso con una relación calcio:fósforo adecuada, puede predisponer a las cabras a la formación de cálculos urinarios, debido a la excreción renal excesiva de fósforo; por lo tanto, se recomienda monitorear el fósforo total en la dieta. Las necesidades de fósforo en la dieta de las cabras son del 0,14 % (1,4 g/kg de materia seca) para el mantenimiento y del 0,35 % (3,5 g/kg de materia seca) para la lactación.

Perlas y trampas

  • Incluso con una proporción adecuada de calcio:fósforo, el exceso de fósforo en la dieta puede predisponer a las cabras a la formación de cálculos urinarios, debido a la excreción renal excesiva de fósforo.

La deficiencia de magnesio se asocia con la tetania hipomagnesiémica (tetania de la hierba); sin embargo, por lo general, esta afección es menos común en cabras en pastoreo que en el ganado vacuno. La alta concentración de potasio en la dieta puede impedir la absorción ruminal de magnesio. Los caprinos tienen una capacidad marginal para compensar las concentraciones bajas de magnesio, mediante la disminución de la cantidad de magnesio que excretan. Tanto la excreción urinaria como la producción de leche disminuyen con la deficiencia de magnesio. El requerimiento de magnesio en la dieta de las cabras es del 0,12 al 0,22 % (1,2 a 2,2 g/kg de materia seca).  

El sodio, cloruro y potasio son electrólitos críticos para el equilibrio ácido-base, los potenciales eléctricos de la membrana y la presión osmótica en la vasculatura. La sal (NaCl) se suele reconocer como un componente necesario de la ración, pero a menudo se olvida. Las cabras pueden consumir más sal de la necesaria cuando se les ofrece a voluntad. El consumo excesivo no presenta un problema nutricional, pero puede reducir la ingesta de alimento y agua, especialmente en algunas zonas áridas, donde el contenido de sal en el agua potable es bastante alto. La sal se utiliza como portador de oligoelementos, ya que las cabras tienen un fuerte impulso para la ingesta de sodio (al contrario de lo que se cree, las cabras no sienten apetito por minerales individuales y no son capaces de consumir minerales selectivamente para satisfacer necesidades específicas). La adición de sal a la dieta puede promover un mayor consumo de agua, lo que diluye la orina y disminuye el potencial de saturación de minerales que puede resultar en cálculos urinarios. El requerimiento de sodio dietético para las cabras es del 0,05 al 0,15 % (de 0,5 a 1,5 g/kg de materia seca).

Perlas y trampas

  • La adición de sal en la dieta promueve un mayor consumo de agua, diluye la orina y disminuye la formación de cálculos urinarios.

El potasio desempeña un papel importante en el metabolismo. Los forrajes son generalmente ricos en potasio, por lo que la deficiencia de potasio en las cabras de pastoreo es extremadamente rara. La ingesta marginal de potasio se produce únicamente en hembras con una gran producción de leche que se alimentan con dietas compuestas principalmente por granos de cereales. El requerimiento de potasio en la dieta de las cabras es del 0,5 al 1,2 % (5 a 12 g/kg de materia seca). Una mayor ingesta de potasio en la dieta puede ser beneficiosa para las cabras lecheras lactantes.

El azufre no es requerido directamente por las cabras, pero se aporta en la dieta como fuente de azufre para que los microbios del rumen sinteticen aminoácidos azufrados. Se recomienda una proporción dietética de nitrógeno:azufre entre 10:1 y 12:1. El exceso de azufre en la dieta puede impedir la biodisponibilidad del cobre, lo que conduce a la deficiencia de cobre. El requerimiento de azufre en la dieta de las cabras es del 0,12 al 0,25 % (1,2 a 2,5 g/kg de materia seca).

Necesidades de microminerales en cabras

Los microminerales, también conocidos como oligoelementos, son metales dietéticos necesarios en cantidades de nanogramos o microgramos para satisfacer las necesidades nutricionales. Estos elementos esenciales desempeñan importantes funciones biológicas como antioxidantes, reguladores inmunitarios y activadores enzimáticos, y realizan muchas funciones específicas de los minerales. Los microminerales clave para la nutrición de la cabras son los siguientes:

  • cobalto

  • cobre

  • yodo,

  • hierro,

  • manganeso

  • selenio

  • zinc

Los requerimientos de microminerales no están tan bien definidas para las cabras como para las ovejas. En lugar de predecirse mediante un modelo factorial, la mayoría de los microminerales tienen un requisito de concentración dietética.

El cobalto es necesario en la dieta únicamente como suministro para los microbios del rumen, lo que les permite sintetizar cianocobalamina (vitamina B12). La vitamina B12 es un cofactor esencial para enzimas involucradas en la transferencia de grupos de un carbono, especialmente en la vía que genera glucosa a partir del ácido graso volátil propionato, producido en el rumen. La concentración dietética recomendada de cobalto para cabras es de 0,1 mg/kg de ingesta de materia seca.

El cobre cumple numerosas funciones en el organismo, y la deficiencia de cobre puede provocar anemia microcítica, baja producción, aclaramiento o decoloración del pelo, mala calidad de la fibra, infertilidad, mala salud, crecimiento ralentizado, algunas formas de enfermedad ósea metabólica, diarrea y, posiblemente, mayor susceptibilidad a parásitos internos. Las cabras son propensas a la deficiencia de cobre debido a las muchas interacciones minerales de la dieta, que disminuyen la biodisponibilidad del cobre. Las cabras también pueden desarrollar toxicosis por cobre, pero son más resistentes que las ovejas a esta afección. La administración excesiva de bolos de partículas de alambre de óxido de cobre (COWP) en programas de control de parásitos en cabras puede inducir toxicidad por cobre, al igual que una ingesta elevada de cobre en la dieta.

El cobre en el forraje depende en gran medida de la región geográfica. En Estados Unidos, el contenido de cobre en los forrajes suele ser mayor en los estados al este del río Misisipi que en los estados del oeste. El hierro, zinc, azufre y molibdeno pueden impedir la biodisponibilidad del cobre y estar presentes en la dieta o en el agua potable. El requisito de cobre en la dieta de las cabras es de 15 a 25 mg/kg de materia seca, que es mucho mayor que el de las ovejas (5 a 8 mg/kg de materia seca).  

En algunas áreas de EE. UU., tanto el suelo como los cultivos producidos en él son deficientes en yodo. Por lo tanto, las cabras deben recibir yodo a través de la sal en una forma estabilizada, como el yodato de calcio. El yoduro de sodio o potasio se filtra fácilmente de las mezclas minerales con exposición a la humedad. La deficiencia condicional de yodo puede desarrollarse con una ingesta de yodo normal a marginal en cabras que comen plantas bociógenas (p. ej., Brassica). La marcada deficiencia de yodo en cabras da como resultado bocio, crecimiento deficiente, capacidad reproductiva deficiente y crías pequeñas y débiles al nacer. En el momento del parto, los cabritos pueden tener bocio clínico, incluso cuando la madre no lo tiene, como resultado de la escasa transferencia de yodo al feto. El contenido de yodo dietético, recomendado para las cabras, es de 0,5 mg/kg de materia seca.

La deficiencia de hierro es rara en cabras maduras de pastoreo, pero puede ocurrir en cabritos, debido a sus mínimas reservas de hierro al nacer y porque la leche de la madre es baja en hierro. La deficiencia de hierro puede causar anemia en cabras. La deficiencia de hierro es más común en cabritos alimentados en confinamiento completo y en cabras muy parasitadas. Las medidas de prevención incluyen dar a las cabras acceso a pastos y proporcionar una sal de oligoelementos de buena calidad que contenga hierro. Tanto la deficiencia de cobre como la de hierro pueden presentarse en forma de anemia, como lo indica un hematocrito bajo y una coloración blanca de las mucosas. Si una cabra con anemia no responde a la suplementación con hierro, también se debe evaluar el estado del cobre. El requerimiento de hierro en la dieta para los cabritos es de 95 mg/kg de materia seca, y para todas las demás cabras es de 35 mg/kg de materia seca.

La deficiencia de manganeso y la toxicosis generalmente no son una preocupación en las cabras, ya que el manganeso se encuentra en cantidades adecuadas en los pastos. Sin embargo, en algunas áreas del noroeste del Pacífico de EE. UU., las plantas presentan un contenido insuficiente de manganeso, y los rumiantes que pastan en estas zonas pueden desarrollar deficiencia de manganeso si no reciben suplementos. La deficiencia de manganeso también puede ocurrir en cabras en varias otras regiones, posiblemente debido a factores del suelo que limitan la absorción de manganeso en las plantas. Debido a que el manganeso desempeña un papel en el desarrollo del cartílago, la deficiencia puede provocar un crecimiento óseo anormal. La concentración dietética recomendada de manganeso para las cabras es de 20 a 30 mg/kg de materia seca.

El selenio es un importante antioxidante y regulador de la función inmunitaria. La deficiencia de selenio en la dieta de las cabras se asocia con miodegeneración nutricional, retención de placenta y metritis, crecimiento deficiente, crías débiles o prematuras, y mastitis. Las propiedades del suelo, como el pH, el nivel de humedad y la presencia de aluminio, afectan la absorción de selenio por parte de las plantas. Los cultivos en muchas regiones de EE. UU. (estados costeros del este y oeste) y otras partes del mundo son deficientes en selenio. Por el contrario, en la región de las Grandes Llanuras de EE. UU., los suelos alcalinos favorecen la absorción de selenio por las plantas, lo que puede provocar toxicosis aguda o crónica por selenio en las cabras que se alimentan de ellas. La suplementación parenteral excesiva de selenio para corregir la deficiencia en cabras también puede inducir toxicosis aguda por selenio.

Debido al riesgo de toxicosis, la suplementación con selenio en la dieta está regulada por la FDA. La concentración recomendada de selenio en la dieta es de 0,2 a 0,3 mg/kg de materia seca. Se permite que un suplemento mineral a base de sal de libre elección contenga hasta 90 mg de selenio por kilogramo de suplemento, suponiendo una ingesta total de selenio de 0,7 mg por día.

El zinc está asociado con el funcionamiento de más de 200 enzimas e influye en el crecimiento de los tejidos, la reproducción, la inmunidad y el metabolismo general. La deficiencia de zinc provoca paraqueratosis, rigidez de las articulaciones, testículos pequeños y disminución de la libido. El exceso de calcio en la dieta (p. ej., como puede ocurrir con las dietas de alfalfa) puede aumentar la probabilidad de deficiencia de zinc en las cabras. El cobre también puede interferir en la absorción de zinc en la dieta. Los modelos que predicen las necesidades de zinc de las cabras indican un bajo requerimiento de mantenimiento de 10-15 mg/kg de materia seca y un alto requerimiento para soportar la lactación de 40-50 mg/kg de materia seca. 

Necesidades vitamínicas de las cabras

Las vitaminas son compuestos orgánicos que sirven principalmente como cofactores metabólicos u hormonas para regular muchas funciones corporales. Las vitaminas pueden ser solubles en agua o grasa.

Las vitaminas hidrosolubles incluyen todos los compuestos del complejo B. En general, se cree que en las cabras los microbios del rumen generan cantidades suficientes de compuestos del complejo B. Sin embargo, si se altera el ambiente ruminal, como en la acidosis, está indicada la suplementación parenteral. La suplementación oral no es beneficiosa, ya que estos compuestos son fácilmente consumidos por los microbios del rumen.

Las vitaminas liposolubles son A, D, E y K. De estas, solo las vitaminas A, D y E tienen requerimientos dietéticos establecidos para las cabras. La vitamina A desempeña un papel importante en la visión, remodelación ósea, diferenciación epitelial y función inmunitaria, y como antioxidante. La vitamina D es esencial para la homeostasis del calcio y el desarrollo óseo. La vitamina E funciona como antioxidante, unido a la membrana, en conjunto con el selenio. Los requerimientos de estas vitaminas en las cabras se basan en el peso corporal, y las necesidades aumentan durante la lactación.

Conceptos clave

  • Las cabras tienen necesidades dietéticas únicas en relación con los patrones de alimentación y las necesidades de nutrientes que impiden el uso de productos alimenticios diseñados para las ovejas.

  • Las cabras son ramoneadoras intermedias, prefieren consumir hojas, yemas y brotes de plantas de alta calidad, y pueden satisfacer razonablemente sus necesidades nutricionales si se les permite ramonear.

  • Los altos requerimientos de energía y proteínas al final de la gestación y al principio de la lactación predisponen a las cabras a enfermedades nutricionales si sus dietas no están bien equilibradas o consisten en forraje de mala calidad.

  • En comparación con las ovejas y el ganado vacuno, las cabras son menos capaces de consumir y digerir forrajes de baja calidad, lo que las pone en mayor riesgo de pérdida de condición corporal y mayor susceptibilidad a enfermedades.

  • El calcio suplementario al final de la gestación favorece el crecimiento óseo del feto y minimiza el riesgo de hipocalcemia.

  • Las cabras son propensas a la deficiencia de cobre, pero también pueden experimentar toxicosis por cobre, particularmente cuando se exponen a bolos de partículas de alambre de óxido de cobre.

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