Los grupos sanguíneos en los gatos se dividen en un sistema de tres tipos: A, B y AB, según la presencia de ciertos antígenos (proteínas o azúcares) en la superficie de los glóbulos rojos. El tipo A es el más frecuente (alrededor del 99 % de los gatos estadounidenses), pero algunas razas puras tienen más probabilidades de tener el tipo B. El tipo AB es poco común.
En 2007, los investigadores encontraron un nuevo grupo sanguíneo felino distinto del sistema AB y lo llamaron Mik, en honor a “Mike”, el primer gato en el que se descubrió. Desde entonces, se han identificado cuatro o cinco grupos sanguíneos adicionales, llamados antígenos eritrocitarios felinos (FEA 1-5). Mik podría ser el mismo que FEA 1.
No hay gatos donantes de sangre universales, ya que el sistema inmunitario de los gatos produce anticuerpos que atacan los antígenos de grupos sanguíneos que normalmente no están presentes en sus glóbulos rojos (lo que da lugar a una afección llamada anemia hemolítica).
Al igual que en las personas, en los gatos se utiliza la tipificación sanguínea para emparejar donantes y receptores de sangre; incluso hay algunos bancos de sangre para animales.
¿Cómo se realiza la tipificación sanguínea?
El grupo sanguíneo de un gato se determina mezclando una pequeña muestra de sangre con anticuerpos específicos y observando la reacción. Se debe conocer el grupo sanguíneo antes de administrar una transfusión.
También se realiza una prueba de compatibilidad cruzada para garantizar que un receptor pueda recibir sangre de un donante de sangre específico de manera segura. En la compatibilidad cruzada, los componentes de la sangre del donante se mezclan con la sangre del receptor para comprobar si hay reacciones adversas.
Si la sangre del donante es incompatible con la sangre de un receptor, incluso una sola transfusión puede hacer que los glóbulos rojos transfundidos se destruyan con rapidez.
¿Cómo se realizan las transfusiones de sangre?
Las transfusiones de sangre a menudo son necesarias en emergencias, como sangrado abundante o destrucción repentina de glóbulos rojos causada por una infección o una toxina. Las transfusiones también se pueden utilizar para tratar la anemia causada por otros factores. Los animales con trastornos de la coagulación pueden necesitar transfusiones repetidas.
Durante una transfusión se puede administrar sangre completa, sustitutos artificiales de la sangre o simplemente glóbulos rojos, plasma o plaquetas.
Las transfusiones deben realizarse con cuidado debido a los posibles efectos secundarios. El posible efecto secundario más grave es la rápida destrucción de los glóbulos rojos transfundidos (la reacción se llama hemólisis). La hemólisis es poco frecuente en los animales domésticos.
Otras complicaciones de las transfusiones incluyen la transmisión de infecciones, como la infección por el virus de la leucemia felina (FeLV) o las enfermedades por inmunodeficiencia, de un donante infectado. Los donantes deben someterse a pruebas de detección de enfermedades infecciosas antes de donar sangre.
Si se transfunde demasiada sangre, puede producirse un edema pulmonar (acumulación de líquido en los pulmones). Otras reacciones menos comunes incluyen fiebre, urticaria o vómitos.