VERSIÓN PARA PROFESIONALES

Procedimientos de urgencia en caballos

PorAmelia S. Munsterman, DVM, PhD, DACVS, DACVECC, Department of Large Animal Clinical Sciences, College of Veterinary Medicine, Michigan State University
Revisado/Modificado ene 2025 | Modificado abr 2025
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El manejo de las urgencias equinas a menudo puede resumirse en los conceptos básicos de la reanimación: establecer una vía aérea cuando sea necesario y mantener un volumen circulatorio adecuado al proporcionar una rehidratación oportuna y apropiada.

El cólico es uno de los problemas más comunes al que se enfrentan los veterinarios equinos. El diagnóstico se facilita mediante la intubación nasogástrica, palpación transrectal y evaluación ecográfica, las cuales pueden emplearse para guiar las recomendaciones de tratamiento.

Fluidoterapia de urgencia para caballos

En situaciones de urgencia, suele indicarse el uso de rehidratación para reponer el volumen sanguíneo y corregir los déficits de líquidos. La falta de un volumen circulante suficiente puede provocar disfunción multiorgánica y aumentar la probabilidad de muerte en caballos con choque hipovolémico. 

Entre las afecciones que pueden requerir rehidratación de urgencia se incluyen las siguientes:

  • Lesiones con pérdida simultánea de sangre.

  • Agotamiento físico.

  • Rabdomiólisis aguda.

  • Hipertermia.

  • Choque circulatorio secundario a enfermedad sistémica.

Existen dos tipos principales de déficit clínico de líquidos: la hipovolemia y la deshidratación. 

  • La hipovolemia es una disminución del volumen eficaz de sangre circulante, lo que resulta en un choque circulatorio. La pérdida de volumen de líquido vascular provoca una disminución del retorno venoso al corazón, lo que da como resultado una disminución del volumen sistólico, una disminución del gasto cardíaco y, finalmente, una disminución del suministro de oxígeno al tejido. 

    El choque hipovolémico es una urgencia que requiere la reposición rápida del volumen de líquido extracelular para mejorar la perfusión tisular y prevenir la insuficiencia orgánica.

    El parámetro clínico más simple para determinar la hipovolemia es el calor de las extremidades, que disminuye a medida que decrece la perfusión. Otros signos clínicos que pueden indicar la necesidad de rehidratación son el aumento de la frecuencia cardíaca, el aumento de la frecuencia respiratoria, el aumento de las concentraciones de lactato en sangre y la disminución de la presión arterial.

    La causa de la pérdida de líquido de la circulación que resulta en hipovolemia puede ser absoluta o relativa.

    • Las causas absolutas de hipovolemia eliminan los líquidos directamente de la circulación o de la luz del tracto gastrointestinal. Estas pérdidas pueden ser externas, en forma de hemorragia, reflujo o diarrea, o pueden deberse a cambios internos entre los compartimentos, incluidas las pérdidas en el espacio intersticial por fuga capilar, o las pérdidas de líquidos en el tercer espacio (por ejemplo, el espacio pleural o peritoneal).

    • La hipovolemia relativa es el resultado de una vasodilatación que aumenta la capacitancia venosa, lo que permite que la sangre se acumule en los vasos y disminuya la presión de perfusión. La hipovolemia relativa ocurre en la septicemia y en el síndrome de respuesta inflamatoria sistémica (SIRS), y puede ser yatrógena como resultado de la administración de fármacos anestésicos o vasodilatadores.

  • La deshidratación se define como una disminución total del agua corporal. En comparación con la hipovolemia, es una causa más crónica de pérdida de líquidos. El cuerpo tiene tiempo para compensar esta pérdida desplazando líquidos de los espacios intracelular e intersticial al sistema vascular.

    En la deshidratación, la presión arterial generalmente se conserva y las constantes vitales son relativamente normales hasta que la deshidratación es grave (>8 %).

    A diferencia de la hipovolemia, la deshidratación no se puede corregir rápidamente. Si un paciente está deshidratado pero tiene un volumen circulatorio adecuado, un bolo rápido de líquidos IV simplemente activará los mecanismos para aumentar la producción de orina. El líquido en bolo se excretará y no reemplazará al líquido perdido de los espacios intracelular e intersticial. Por lo tanto, la deshidratación debe abordarse más lentamente que la hipovolemia, es decir, durante un período de 12 a 36 horas.

El diseño de una pauta de fluidoterapia requiere considerar el volumen necesario, el tipo de líquidos a administrar y la velocidad y vía de administración.

Volumen de líquido

El primer paso en la fluidoterapia es identificar si las pérdidas de líquidos se deben a hipovolemia, deshidratación o a una combinación de ambas. El siguiente paso es determinar el volumen o déficit de líquidos para calcular la dosis de líquidos requerida.

En caso de pérdidas agudas que provoquen signos de hipovolemia, se deben administrar rápidamente líquidos en dosis de choque (vea la Tasa de administración de líquidos) para reemplazar el déficit y mejorar la perfusión. Las dosis de choque se descuentan del plan de líquidos calculado. Cuando se sospecha que las pérdidas de líquidos se deben a deshidratación, se utiliza el grado estimado de esta para calcular el déficit de líquidos. Este déficit se suma a la tasa de líquidos de mantenimiento, junto con las estimaciones de pérdidas continuas (por ejemplo, reflujo, diarrea o hemorragia) durante las siguientes 24 horas. El volumen a administrar durante 24 horas se puede estimar con la siguiente fórmula:

Volumen a administrar (L) = tasa de mantenimiento (aproximadamente 40-60 mL/kg/día) + déficit estimado de líquidos (peso corporal [kg] × estimación de deshidratación) + estimación de las pérdidas continuas.

Los requisitos de líquidos de mantenimiento son de aproximadamente 1 L/hora para caballos adultos (aproximadamente 450 kg). El déficit de líquidos por deshidratación suele calcularse mediante el porcentaje de deshidratación, multiplicado por el peso corporal en kilogramos, lo que da el volumen necesario en litros. El porcentaje de deshidratación se puede estimar a partir de parámetros clínicos y de laboratorio (consulte la tabla ).

Tabla
Tabla

La edad y el estado clínico del caballo pueden afectar estos déficits estimados. Por ejemplo, un caballo nervioso puede tener una frecuencia cardíaca transitoriamente alta en respuesta a la excitación y un hematocrito falsamente aumentado debido a la contracción esplénica. Clínicamente, la deshidratación <5 % es indetectable en el examen físico, mientras que una deshidratación >15 % es incompatible con la vida.

Las pérdidas continuas de líquido del tracto gastrointestinal pueden ser difíciles de medir. Si el intestino grueso no está reabsorbiendo agua (por ejemplo, si el paciente presenta diarrea), las pérdidas de líquidos pueden ser significativas pero difíciles de cuantificar. Los caballos con diarrea grave pueden perder aproximadamente el 50 % de su volumen de líquido extracelular diariamente. Por el contrario, cuando hay íleo u obstrucción en el intestino delgado, se puede cuantificar fácilmente la cantidad de reflujo gástrico, obtenido por intubación nasogástrica.

La fórmula para calcular el volumen de líquidos a administrar proporciona solo una estimación cruda de las necesidades. Los volúmenes de líquidos administrados deben ajustarse de acuerdo con la respuesta al tratamiento, incluida la medición de los siguientes parámetros:

  • Frecuencia cardíaca

  • Calidad del pulso y tiempo de relleno capilar.

  • Producción de orina

  • PCV y concentración de proteínas totales en suero.

  • Concentración de creatinina en suero.

  • Concentración de lactato en sangre periférica.

La reevaluación es necesaria para ajustar las necesidades diarias de líquidos, en cualquier caballo que reciba líquidos suplementarios, y el momento de la evaluación se debe determinar según el estado clínico del caballo. En caballos en estado de choque grave, puede ser necesario monitorizar continuamente los parámetros cardiovasculares (p. ej., cada 15 minutos) hasta que se observe una mejoría. En caballos con pérdidas graves y continuas de líquidos (por ejemplo, debido a diarrea o enteritis proximal), los parámetros cardiovasculares deben reevaluarse cada 4 horas y los parámetros de laboratorio deben medirse con una frecuencia de hasta 6 horas, hasta que el caballo se estabilice.

Tipo de fluido

Una vez determinado el volumen de líquidos a administrar, se debe seleccionar el tipo de líquido adecuado. Las opciones de fluidos incluyen cristaloides (fluidos que contienen sustancias que cruzan libremente la membrana capilar) y coloides (fluidos retenidos en el espacio vascular durante un cierto número de horas debido a su mayor tamaño molecular). Los cristaloides generalmente se usan para la terapia de sustitución con líquidos; los coloides generalmente se reservan para la rehidratación o la hipoproteinemia grave.

Existen dos tipos generales de cristaloides: soluciones equilibradas de electrólitos, que contienen electrólitos en concentraciones similares a las del plasma; y soluciones salinas, que contienen solo cloruro de sodio. La elección de una solución electrolítica equilibrada o una solución salina puede basarse en los resultados de un perfil químico sérico. En la mayoría de los casos de urgencia, se administra una solución equilibrada de electrólitos.

Las soluciones de dextrosa también se consideran cristaloides, pero rara vez se administran solas. La dextrosa generalmente se agrega como suplemento a una solución electrolítica equilibrada, según lo indiquen las necesidades de cada caballo.

Se cree que los líquidos cristaloides isotónicos se distribuyen principalmente en el compartimento del líquido extracelular, de manera que se expande rápidamente el volumen circulante. Sin embargo, estos líquidos también se redistribuyen al espacio intersticial, y solo aproximadamente el 25 % de los líquidos administrados permanece en la vasculatura una hora después de la infusión en pacientes sanos. Debido a esta rápida redistribución, es mejor ajustar los líquidos a las necesidades del paciente a lo largo del tiempo que entregar las pérdidas calculadas a través del bolo.

Las soluciones coloides contienen moléculas grandes, ramificadas y cargadas (ya sean proteínas o componentes sintéticos) que mantienen la presión oncótica al permanecer en el espacio vascular, lo que permite retener también el líquido en dicho espacio. La adición de coloides a la fluidoterapia tiene dos propósitos: 1) mejorar el mantenimiento del volumen de líquido intravascular más allá de lo que pueden lograr los cristaloides y 2) mitigar el edema en casos de hipoproteinemia actual o prevista.

Las soluciones coloidales están disponibles en forma de compuestos naturales o sintéticos.

Los coloides naturales utilizados en caballos son productos del plasma. En general, se selecciona plasma fresco o plasma fresco congelado cuando se necesita un aumento de la presión oncótica coloidea y se requieren factores de coagulación o anticoagulantes específicos como la antitrombina III.

Los coloides sintéticos utilizados en caballos son el almidón hidroxietílico y los dextranos. El coloide sintético que generalmente se administra a los caballos es el almidón hidroxietílico, ya que los dextranos presentan un mayor riesgo de efectos adversos. Se utiliza para incrementar la presión oncótica del plasma, y su efecto se evalúa mejor por la respuesta clínica (disminución del edema) o por el aumento de la presión oncótica (medida por osmometría coloidal). No se puede utilizar un refractómetro que mida la concentración de proteínas totales para monitorear el efecto de la administración de coloides sintéticos, debido al bajo índice de refracción de los coloides sintéticos.

Tasa de administración de líquidos

La tasa de administración de líquidos depende de las necesidades del caballo. En el caso de caballos con choque hipovolémico, el objetivo principal es restaurar rápidamente el volumen circulante y la presión arterial, para restablecer una perfusión tisular adecuada. 

Evaluar el volumen absoluto de pérdida de líquidos en caballos en estado de choque suele ser difícil, debido a los efectos de la hipovolemia relativa provocada por la vasodilatación. El método más simple es proporcionar rápidamente una dosis de choque de solución cristaloide de reemplazo isotónica y, posteriormente, reevaluar al paciente. 

  • Las dosis típicas en bolo para el choque oscilan entre los 6 y los 20 mL/kg, administradas durante 15-30 minutos. La dosis se basa en los signos clínicos y la gravedad del choque hipovolémico. 

  • Los parámetros que deben monitorearse, durante y después de cada dosis, son la frecuencia cardíaca, la temperatura de las extremidades, el tiempo de llenado capilar, la calidad del pulso, la frecuencia de llenado de la yugular, la actividad mental, la concentración de lactato en sangre, el hematocrito, la concentración de proteínas totales y la producción de orina (1-2 mL/kg/h). Los bolos de líquidos se repiten hasta que estos parámetros se estabilizan y están más cerca de la normalidad. 

  • La mayoría de los caballos con hipovolemia requieren dos o tres dosis de choque en bolo, y no más de cuatro.

Debido a los grandes volúmenes de soluciones electrolíticas equilibradas requeridas, se puede proporcionar primero la rehidratación de pequeño volumen con líquidos hipertónicos o coloides, para apoyar inmediatamente la circulación, hasta que se pueda administrar la dosis de choque de cristaloides. Una dosis de 2-4 mL/kg de solución salina hipertónica (NaCl al 7,5 %) puede expandir rápidamente el volumen circulante, mediante la redistribución de los líquidos extravasculares en el espacio vascular.

Debido a la redistribución y el equilibrio, el efecto de las soluciones hipertónicas dura solo, aproximadamente, 45 minutos en caballos. Se pueden administrar soluciones coloidales para un efecto más sostenido. Se ha informado que el almidón hidroxietílico (5-10 mL/kg) aumenta la presión oncótica hasta durante 36 horas. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, al diluir o inhibir los factores de coagulación, las dosis de coloides >10 mL/kg cada 24 horas pueden causar coagulopatías. En cuanto a la rehidratación, una combinación de solución salina hipertónica (4 mL/kg) y almidón hidroxietílico (4 mL/kg) podría tener los efectos más beneficiosos y sostenidos.

Los objetivos de la reposición de líquidos son normalizar las alteraciones ácido-base, las anomalías electrolíticas y los parámetros de perfusión clínica, incluidos la frecuencia cardíaca, la temperatura de las extremidades, la calidad del pulso, el color de las mucosas, el tiempo de llenado capilar y la excreción de orina. Los parámetros de laboratorio para el monitoreo pueden incluir la concentración de lactato en sangre, la densidad de la orina, el hematocrito y la concentración de proteínas totales.

Vía de administración de líquidos

La vía intravenosa (IV) es el método más rápido para restaurar el volumen circulante, ya que los líquidos se suministran directamente al compartimento intravascular. Las tasas de administración se pueden controlar con precisión y es posible suministrar tanto la nutrición (por ejemplo, dextrosa, lípidos) como concentraciones específicas de electrólitos. Se recomiendan líquidos IV para casos de choque hipovolémico o deshidratación grave. 

Las desventajas de la administración IV son que los líquidos suministrados deben ser estériles, se necesita acceso venoso y se requiere un monitoreo continuo. Estos requisitos aumentan el costo para el propietario.

Se puede lograr una velocidad de 7 L/h cuando los líquidos están >61 cm por encima de la vena yugular, con un equipo de administración de gran calibre y, si se elevan aún más las bolsas de líquido, se pueden lograr tasas más rápidas mediante el flujo por gravedad. Los catéteres de politetrafluoroetileno o poliuretano de calibre 14 se utilizan de forma rutinaria en caballos adultos de tamaño normal. Para un flujo más rápido, pueden utilizarse catéteres de calibre 10 o 12 con juegos de conexión de gran calibre; sin embargo, los catéteres de gran calibre son más trombogénicos. Otras formas de aumentar las tasas de administración de fluidos incluyen cateterizar ambas venas yugulares o utilizar un sistema de bolsa de presión o una bomba peristáltica.

Una vía alternativa de administración de líquidos es a través de una sonda nasogástrica intermitente o permanente. Los líquidos entéricos pueden ser preferibles en algunos casos, ya que la vía entérica es una vía natural para la ingesta y absorción de líquidos, y es económica, fácil y relativamente segura. Por estas razones, la vía entérica debe ser la primera opción si el paciente tolera la administración nasogástrica. Sin embargo, la selección de casos es fundamental al administrar líquidos enterales: los caballos que están en estado de choque, presentan deshidratación >8 % o tienen un reflujo gástrico neto positivo no son candidatos para la administración de líquidos enterales.

Los líquidos administrados a través de la sonda nasogástrica no necesitan ser estériles, se pueden administrar cantidades mayores de una vez y la composición exacta es menos importante que en los líquidos parenterales, ya que el tiempo de absorción más lento permite que el organismo se adapte. La solución puede incluir agua, electrólitos y nutrientes. Se prefieren las soluciones de electrólitos equinos, o se puede formular una mezcla casera usando 5,27 g de cloruro de sodio, 0,37 g de cloruro de potasio y 3,78 g de bicarbonato por litro de agua. Las desventajas de la administración de líquido nasogástrico son la falta de control preciso sobre la velocidad de administración y la restauración más lenta del equilibrio de líquidos.

Para la administración de líquidos nasogástricos, se divide la velocidad diaria en bolos y se administra a través de una bomba de achique o infusión por gravedad con un embudo. Se debe comprobar si el caballo tiene un reflujo neto positivo (>2 L) antes de la administración. Las tasas <8 L, cada 2-4 horas en caballos de 450 kg suelen ser bien aceptadas. Si se encuentra colocado un tubo de alimentación de menor calibre, puede utilizarse un sistema de administración continua con un equipo de perfusión no estéril y bolsas de solución o un garrafón, y la velocidad debe determinarse de manera similar a la de una infusión intravenosa.

También se pueden administrar líquidos por vía rectal, con indicaciones similares a las de los líquidos orales. Los bolos grandes de líquidos no son toleradas ni seguras cuando se administran por vía rectal. La administración de líquidos rectales a dosis de 5 mL/kg/h como infusión de velocidad constante puede proporcionar una rehidratación similar a la de la administración de líquido IV o enteral. Algunos líquidos se excretarán con las heces antes absorberse y, por lo tanto, se desperdiciarán si se administran de esta manera. El agua puede ser mejor tolerada y menos irritante que las soluciones de electrólitos administradas por el recto.

Intubación nasogástrica en caballos

La intubación nasogástrica es un procedimiento esencial, que se realiza de forma rutinaria en caballos con enfermedad GI para descomprimir el estómago y proporcionar fluidoterapia. En casos extremos, la descompresión gástrica puede salvar la vida del caballo al evitar la ruptura del estómago.

  1. Después de que el caballo esté adecuadamente sujeto, el veterinario pasa la sonda nasogástrica al meato ventral usando el pulgar para mantener la dirección correcta de la sonda. Si se encuentra una estructura dura (por ejemplo, el etmoides o los cornetes nasales) y el tubo es difícil de pasar, este debe retraerse y redirigirse más ventralmente, o se debe seleccionar un tubo más pequeño.

  2. Después de llegar a la faringe, se nota una resistencia suave cuando el tubo entra en contacto con la laringe o la abertura esofágica. Idealmente, la cabeza del caballo debe estar flexionada en la región de la nuca para ayudar a pasar al esófago.

  3. La deglución se estimula aplicando una presión suave contra la abertura esofágica o soplando pequeñas bocanadas de aire en el tubo, y luego el tubo se pasa al esófago a medida que el caballo traga.

  4. La presencia de la sonda nasogástrica en el esófago se confirma mediante uno de los siguientes métodos:

    • Detección de presión negativa cuando se aplica succión al tubo por la boca.

    • Palpación de la sonda nasogástrica por encima de la vena yugular izquierda.

    • Identificación visual del tubo que baja por el esófago en el tercio craneal del cuello.

    • Identificación del material de alimentación en el reflujo recolectado (consulte la ).

Si el tubo se introduce en la tráquea, sacudir la tráquea producirá un estertor. Si se nota aire cuando se aplica succión por la boca (lo que indica que el tubo está en la tráquea), debe retirarse el tubo hacia la faringe y repetirse el procedimiento suavemente hasta que el tubo esté en la posición correcta. La tos no es una señal fiable de que la sonda está en la tráquea; los caballos no siempre tosen cuando la sonda está en la tráquea y, en ocasiones, pueden toser incluso cuando no lo está.

Una vez que se confirma que la sonda está en el esófago, soplar intermitentemente dentro de la sonda ayudará a dilatar el esófago y facilitará su paso hacia el estómago. La sonda se introduce en el estómago hasta la altura de la 12.ª costilla (medida externamente antes de la inserción de la sonda).

Si no se obtiene el reflujo espontáneo después de confirmar que la sonda está en el esófago, se debe lavar el estómago para verificar que haya un reflujo neto positivo. No se debe suponer que cualquier exceso de líquido en el estómago drenará espontáneamente.

Antes de administrar medicamentos o líquidos a través de la sonda nasogástrica, el veterinario debe verificar si hay reflujo neto, lo que se logra llenando la sonda con aproximadamente 1-2 L de agua mediante una bomba o embudo con flujo por gravedad, retirando luego la bomba o embudo, y dirigiendo el extremo de la sonda hacia abajo para crear un efecto de sifón. Restar la cantidad total de agua instilada, de la cantidad total de líquido obtenido determina la cantidad de reflujo neto.

Se debe lavar a los caballos con 6-8 L de agua para confirmar la falta de reflujo nasogástrico neto antes de administrar el tratamiento. Mientras se retira, el tubo debe girarse para evitar fugas de su contenido y una posible aspiración.

Un reflujo nasogástrico neto positivo de más de 2 L es anormal. Ocasionalmente, se obtiene una pequeña cantidad de reflujo (<1 L) si el caballo ha tenido una sonda nasogástrica.

Cuando se obtiene reflujo, se debe observar la cantidad, las características y el tiempo en relación con la aparición del cólico, así como cualquier respuesta clínica a la descompresión gástrica.

Entre las causas comunes del reflujo nasogástrico neto positivo se incluyen las siguientes:

  • Íleo del intestino delgado (funcional, mecánico).

  • Obstrucción del intestino delgado o del píloro.

  • Compresión del tracto de salida causada por un colon mayor o un ciego distendidos.

  • Enteritis proximal.

  • Sobrecarga de granos.

Las lesiones del intestino delgado proximal o del píloro producen rápidamente grandes cantidades de reflujo nasogástrico. Con lesiones de yeyuno distal e íleon, inicialmente no hay reflujo neto; sin embargo, el reflujo nasogástrico suele volverse productivo a medida que avanza la enfermedad.

El reflujo con sangre maloliente, fermentado o copioso se asocia con enteritis proximal (vea la ), y todo reflujo gástrico debe tratarse como riesgo biológico debido a la asociación de esta enfermedad con organismos clostridiales y Salmonella spp.

En obstrucciones mecánicas, incluidas las lesiones estrangulantes y las impactaciones ileales, el reflujo suele estar compuesto por material alimenticio y secreciones intestinales. Sin embargo, el reflujo nasogástrico puede volverse hemorrágico con pérdida de viabilidad intestinal.

Debe observarse la respuesta a la descompresión gástrica. Los caballos con íleo funcional o enteritis proximal muestran una mejoría clínica a medida que se alivia la distensión gástrica, y la frecuencia cardíaca puede disminuir en respuesta a la descompresión. Los caballos con una obstrucción mecánica suelen seguir mostrando molestias.

El resto del examen físico en caballos con reflujo nasogástrico debe centrarse en determinar si el íleo es funcional o mecánico. Debe anotarse la cantidad de reflujo neto obtenido después de cada descompresión gástrica y ajustarse el volumen de líquidos administrados por vía intravenosa en consecuencia.

Los caballos con íleo funcional suelen necesitar descompresión gástrica cada 2-4 horas. La sonda nasogástrica debe dejarse en su lugar solo el tiempo necesario o introducirse de manera intermitente, ya que las sondas permanentes pueden causar irritación faríngea y laríngea. La rotura esofágica se ha descrito como una complicación de la intubación nasogástrica.

La epistaxis es una complicación común durante o después de la intubación nasogástrica y, aunque rara vez pone en peligro la vida, puede ser impresionante y, a menudo, alarmante para los propietarios. Colocar una toalla sobre la muserola del cabestro ayuda a evitar que la sangre salpique las paredes y reduce la cantidad que se acumula en el suelo. Elevar la cabeza puede ayudar a ralentizar y detener la epistaxis.

Abdominocentesis en caballos

La abdominocentesis es importante en la evaluación de enfermedad abdominal (p. ej., pérdida de peso, cólicos, efusiones peritoneales o complicaciones posoperatorias). Se usa con mayor frecuencia para identificar la causa de la distensión del intestino delgado y del reflujo nasogástrico neto, ya que las enfermedades del intestino grueso a menudo no causan cambios en el líquido peritoneal en la fase hiperaguda.

La ecografía puede mostrar la mejor ubicación para obtener una muestra de líquido, la cual se puede recolectar mediante una aguja de calibre 18, un catéter para perra o una cánula de pezón. La ausencia de líquido abdominal libre en el examen ecográfico no constituye una contraindicación para este procedimiento, ya que siempre hay líquido en el espacio peritoneal.

Por lo general, la muestra se obtiene justo a la derecha de la línea media, caudal al músculo pectoral ascendente, en la región más inferior del abdomen (vea la ). Este sitio no interferirá en la incisión quirúrgica si se necesita una laparotomía exploratoria y ayuda a evitar traumatismos en el bazo.

La pared corporal es mucho más gruesa fuera de la línea media, por lo que se debe considerar la longitud del instrumento utilizado para muestrear el líquido. Se debe evitar la punción con aguja siempre que se sepa que existe una distensión grave del intestino delgado, para minimizar el riesgo de punción intestinal y peritonitis yatrógena.

El líquido peritoneal se recoge de forma aséptica mediante captura libre en un tubo con anticoagulante para el análisis citológico (vea la ) y en un segundo tubo estéril simple para cultivo si se sospecha de peritonitis. Es útil sacudir la mayor parte del anticoagulante del tubo antes de la toma de muestras, ya que el exceso de EDTA aumentará falsamente la medición de la concentración total de proteínas.

El líquido peritoneal normal debe ser de color pajizo y transparente en la evaluación macroscópica.

Los valores normales de las muestras de abdominocentesis en caballos con enfermedad abdominal incluyen una concentración de proteína total <2,0 a 2,5 g/dL y un recuento de glóbulos blancos (WBC) <5000 células/µL. La repetición de la abdominocentesis no altera apreciablemente estos valores. En el examen citológico, la mayoría de las células son neutrófilos; el resto son linfocitos y macrófagos.

Con la estrangulación intestinal, la concentración de proteínas aumenta en las primeras 1-2 horas. Después de 3 a 4 horas de estrangulación, hay glóbulos rojos (RBC) y, después de ≥6 horas, los glóbulos blancos continúan aumentando gradualmente a medida que progresa la necrosis intestinal. En el examen citológico se observarán neutrófilos degenerados y el aspecto macroscópico será serosanguinolento cuando haya estrangulación (vea la ).

La concentración peritoneal de lactato suele aumentar con la isquemia intestinal y aumenta con el tiempo si se realizan abdominocentesas seriadas.

A veces se produce enterocentesis, especialmente en casos de cólicos por arena, y debe diferenciarse de la rotura intestinal. Con la enterocentesis, el examen citológico revela material vegetal, bacterias libres y desechos, pero pocas células.

Los signos clínicos de la enterocentesis no son compatibles con la ruptura intestinal espontánea. Sin embargo, en los casos de ruptura hiperaguda (aproximadamente de 2 a 4 horas), los signos clínicos de endotoxemia (por ejemplo, letargo, taquicardia, mucosas congestionadas o signos de choque) pueden no ser evidentes.

El examen citológico del líquido abdominal compatible con la rotura intestinal muestra un gran número de neutrófilos tóxicos y degenerados, además de organismos bacterianos, material vegetal y neutrófilos que contienen bacterias fagocitadas.

Tanto la enterocentesis como la rotura intestinal pueden demostrar indicios de material vegetal, característico del contenido luminal cuando se examinan macroscópicamente (vea la ).

La contaminación sanguínea que se produce durante la abdominocentesis debe diferenciarse del hemoabdomen o del intestino gravemente desvitalizado. La sangre de los vasos sanguíneos de la piel o de la pared corporal generalmente se arremolina en la muestra y se sedimenta cuando se centrifuga, con lo que se obtiene un sobrenadante transparente. La contaminación por sangre fresca muestra plaquetas en el examen citológico, que no están presentes en acumulaciones de sangre de más de 12 horas de antigüedad. Si accidentalmente se pincha el bazo, la centrifugación de la muestra revela un valor de hematocrito igual o más alto que el periférico. En los casos de hemorragia interna, la sangre en la muestra suele estar hemolizada, las plaquetas están agrupadas o ausentes y la eritrofagocitosis puede ser evidente. Cuando se centrifuga, el sobrenadante permanece serosanguinolento. Si se ha afectado la vasculatura del intestino, la hemólisis de los RBC que se filtran de los capilares dañados también da como resultado líquido peritoneal serosanguinolento, que puede producir un sobrenadante rojo después del centrifugado.

El examen ecográfico abdominal del hemoabdomen revela un remolino de líquido, denominado "signo de humo".

La cirugía abdominal o la peritonitis primaria también pueden producir resultados anormales en la abdominocentesis, como se indica a continuación:

  • En el caso de la peritonitis estéril, el recuento de glóbulos blancos permanece elevado durante un máximo de 2 semanas y se han notificado recuentos de células de 40 000 células/dL 6 días después de la cirugía. Los neutrófilos no degeneran en el examen citológico y no se observan bacterias. La concentración de proteínas totales alcanza su punto máximo 6 días después de la cirugía y puede permanecer elevada durante 1 mes.

  • Después de la enterotomía, o resección y anastomosis, pueden ser evidentes neutrófilos degenerados y bacterias esporádicas en las primeras 12-24 horas, pero deberían resolverse con el tiempo.

  • En el caso de la peritonitis séptica, los signos clínicos son compatibles con una infección bacteriana (por ejemplo, fiebre, letargo, anorexia, íleo, cólicos, endotoxemia). El recuento de glóbulos blancos y la concentración de proteína total en la muestra de abdominocentesis están notablemente aumentados. En el examen citológico, más del 90 % de las células son neutrófilos degenerados. Se evidencian bacterias libres y fagocitadas.

  • Una diferencia de glucosa seroperitoneal >50 mg/dL o un pH del líquido peritoneal <7,2 con una concentración de glucosa peritoneal <30 mg/dL respaldan el diagnóstico de peritonitis.

Examen ecográfico del abdomen agudo en caballos

La ecografía transabdominal está indicada en caballos con dolor abdominal agudo y crónico, fiebre de origen desconocido, anorexia, colitis y pérdida de peso. En caballos, se utiliza habitualmente el examen ecográfico abreviado, junto con los resultados de otros diagnósticos, para ayudar a determinar la causa de los cólicos.

El método ecográfico, conocido como ecografía abdominal localizada rápida de caballos, o FLASH, se enfoca en siete regiones del abdomen y el tórax craneal () y puede completarse en ≤10 minutos (1). Las estructuras típicamente identificadas o ubicadas en regiones específicas de la cavidad abdominal en caballos con dolor abdominal agudo son estómago, bazo y lóbulo hepático izquierdo; riñón izquierdo y base del bazo; colon dorsal y ventral izquierdo; yeyuno; lóbulo hepático derecho, colon dorsal derecho y duodeno; riñón derecho, ciego y duodeno; y colon ventral derecho. También se toma una imagen del pulmón craneal ventral para descartar enfermedades torácicas.

Estómago, bazo y lóbulo hepático izquierdo

En una imagen ecográfica, la cara caudal del estómago se puede identificar en el lado izquierdo, entre la 8.° y la 13.° costilla, a nivel ventral hasta la punta del hombro. La curvatura mayor se observa normalmente como una línea curva hiperecoica, caudal al diafragma, hasta el 12.º-13.º espacio intercostal (vea la ).

El bazo y la vena esplénica son evidentes adyacentes a la pared del estómago.

Una interfase gas-líquido o la extensión de la curvatura mayor más allá de la 14.° EIC puede indicar distensión gástrica con líquido, ingesta y gas.

En caballos más jóvenes, el lóbulo hepático izquierdo (7.º-9.º EIC) y el bazo pueden observarse adyacentes entre sí, craneales y dorsales al estómago, y caudales al diafragma (vea la ). El hígado (con los vasos portales y hepáticos visibles dentro del parénquima) se encuentra dorsal y lateral al bazo, el cual presenta un aspecto homogéneo de "vidrio esmerilado". Sin embargo, el pulmón a menudo oscurece esta visión.

Riñón izquierdo y base del bazo

El riñón izquierdo debe ser visible adyacente al bazo, en la parte dorsal del flanco izquierdo (vea la ). Si se observa una sombra hiperecogénica en lo profundo del bazo y el riñón no es visible, se sospecha un atrapamiento nefroesplénico del colon mayor. Si tanto el riñón izquierdo como el bazo están oscurecidos por un intestino lleno de gas, podría indicar un desplazamiento dorsal izquierdo del colon mayor.

Los desplazamientos del colon mayor y el atrapamiento nefroesplénico (vea la ) se deben confirmar mediante palpación transrectal. También se debe evaluar el riñón izquierdo para detectar nefrolitiasis, hidronefrosis o estructura anormal.

El bazo ocupa la mayor parte del flanco izquierdo y se extiende cranealmente hasta situarse en la línea media o justo a través de ella. Es difusamente ecogénico con una cápsula hiperecoica.

El colon descendente (pequeño) puede ser visible como una estructura hiperecogénica y ondulada debajo del bazo (vea las y ).

Colon dorsal y ventral izquierdo

El abdomen ventral izquierdo debe permitir la visualización del colon ventral izquierdo, con saculaciones y sombras acústicas consistentes con gas en la luz (vea la ). El colon dorsal izquierdo no tiene saculaciones y debe aparecer como una línea lisa e hiperecoica.

Los caballos con colitis pueden mostrar líquido hipoecoico dentro del colon, que en la ecografía puede parecer que se arremolina. El líquido en la luz proporciona contraste, lo que permite la medición de la pared del colon, que puede engrosarse con la inflamación (hasta 9 mm). El grosor normal de la pared del colon es <3-4 mm, pero es difícil de medir debido al gas presente en el colon.

En los casos de desplazamiento o vólvulo del colon mayor, la pared del colon puede engrosarse y el colon no saculado puede ser visible en la pared ventral del cuerpo. El aumento del líquido abdominal libre es hipoecogénico y se observa tanto en el lado izquierdo como en el derecho, así como en la línea media ventral.

Yeyuno e íleon

Por lo general, el intestino delgado no es visible en la ecografía como una estructura distinta. Las enfermedades que causan íleo, obstrucción intraluminal o inflamación pueden provocar distensión y engrosamiento de las paredes, lo que permite identificar y medir asas de intestino delgado.

La luz del intestino delgado normalmente contiene ingesta líquida, que aparece hipoecoica. El intestino delgado normal debe tener un grosor de pared <4 mm y un diámetro <3 cm.

La contractilidad del intestino delgado también debe evaluarse durante el examen. Si hay sombras de gas hiperecogénico en la pared del intestino delgado, se debe sospechar una infección anaeróbica o necrosis.

Un caballo con una lesión estranguladora del intestino delgado puede presentar dos apariencias ecográficas distintas: el intestino delgado oral al segmento estrangulado estará distendido e hipomóvil, con grosor de pared normal, mientras que el segmento estrangulado estará dilatado al máximo y con paredes engrosadas.

Las anomalías del intestino delgado se identifican con mayor frecuencia mediante ecografía, explorando ventralmente la región inguinal, adyacente a la ubre o al prepucio. Estas anomalías también se pueden observar en el abdomen craneal ventral en la línea media. En la enfermedad grave, se observa el intestino delgado en toda la cavidad abdominal, en múltiples ventanas acústicas (vea la ); sin embargo, este hallazgo no es indicativo de un diagnóstico específico.

Si se observa distensión en el intestino delgado entre el estómago y el bazo, se debe sospechar un encarcelamiento gastroesplénico. Alternativamente, el intestino delgado distendido en el abdomen dorsal y craneal, caudal al diafragma en el lado derecho del abdomen, puede ser coherente con un atrapamiento del agujero epiploico.

La presencia de cuerpos extraños lineales en la luz del intestino delgado distendido puede indicar una infestación por ascáridos en potros.

Lóbulo hepático derecho, colon dorsal derecho y duodeno

El hígado en el caballo se observa más comúnmente en el lado derecho del abdomen y es visible por ecografía entre el 6.º y el 15.º EIC. No debe extenderse más allá de la unión costocondral. El duodeno discurre entre el hígado y el colon dorsal derecho (EIC 10.º-14.°; vea la ).

El duodeno se debe contraer y vaciar por completo; la hipomotilidad o un duodeno estático y distendido es compatible con una enfermedad obstructiva o inflamatoria que causa íleo. En estos casos, el estómago también puede estar distendido.

Solo un bucle de duodeno debe ser visible en esta ventana acústica. Las asas adicionales de intestino delgado anormal pueden ser coherentes con un atrapamiento del agujero epiploico. El colon dorsal derecho está representado por una línea curvilínea hiperecoica debido al gas en la luz.

El examen ecográfico del colon dorsal derecho puede mostrar una luz hipoecogénica llena de líquido en caballos con colitis, y la pared del colon puede aparecer engrosada (>4 mm).

Riñón derecho, ciego, colon dorsal derecho y duodeno

Moviéndose caudalmente en el abdomen dorsal derecho, el duodeno descendente es evidentemente caudal y ventral hacia el riñón derecho, que se encuentra dorsalmente en el EIC 14.°-16.° (vea la ).

El riñón derecho es más fácil de visualizar que el izquierdo, y la imagen ecográfica debe mostrar una corteza hipoecoica con una médula renal menos ecogénica. La pelvis renal es hiperecogénica debido a la grasa y al tejido fibroso. También se debe evaluar el riñón derecho para detectar nefrolitiasis, hidronefrosis y estructura anormal.

Se debe evaluar la motilidad y distensión del duodeno, ya que discurre caudalmente sobre la base del ciego. El ciego se encuentra caudal y ventral al riñón derecho (EIC 13.°-16.°) y, con la luz llena de gas, debe tener un aspecto similar al del colon ventral izquierdo.

Los caballos con tiflocolitis muestran una luz cecal hipoecoica y llena de líquido, y la pared del ciego puede mostrar engrosamiento y disminución de la motilidad.

Colon ventral derecho

El colon ventral derecho es visible en el abdomen ventral y tiene haustras y saculaciones similares a las del colon ventral izquierdo. Los cambios coherentes con colitis, descritos anteriormente, también se pueden observar en esta ventana acústica.

Con desplazamientos o vólvulo del colon mayor, a veces se pueden observar vasos mesentéricos a lo largo de la pared derecha del cuerpo (vea la ). La pared del colon se puede engrosar como resultado de la inflamación o la oclusión vascular (hasta 9 mm) y el colon dorsal no saculado es visible en la pared del cuerpo ventral con desplazamientos.

El líquido abdominal libre puede aumentar en caballos con inflamación o peritonitis y observarse en todo el abdomen ventral.

Trocarización en caballos

La trocarización percutánea se puede realizar para descomprimir el ciego o el intestino grueso en casos de distensión gaseosa grave. Los aumentos patológicos de la presión intraluminal pueden provocar distensión abdominal grave, dolor, disnea y anomalías de la perfusión.

Antes del procedimiento, se debe identificar el segmento de intestino afectado. En caballos adultos, el segmento intestinal afectado se localiza mediante palpación transrectal combinada con una ecografía transabdominal. La auscultación abdominal puede producir un “ping” después de la percusión, que es indicativo de un órgano lleno de gas.

El segmento distendido del ciego o intestino grueso debe estar contra la pared del cuerpo para poder alcanzarlo de manera segura por trocarización. La posición del órgano objetivo de la trocarización se confirma mediante ecografía, para minimizar el riesgo de daño orgánico o vascular involuntario. El sitio de trocarización más común es el flanco superior derecho en la ubicación general de la base del ciego (vea la ).

La trocarización se realiza de la siguiente manera:

  1. Se afeita la zona alrededor del sitio de inserción y se prepara de forma aséptica; luego, se infiltra un anestésico local en los tejidos subcutáneos.

  2. El catéter se inserta de forma aséptica y se conecta a un equipo de extensión, que se coloca en un vaso no estéril con agua, para monitorear el progreso a través de la aparición de burbujas de gas liberadas en el agua. En caballos adultos, normalmente se utiliza un catéter de calibre 14 de 12,5 cm de longitud, colocado sobre la aguja. En neonatos, una aguja de calibre 18 y de 5 cm podría ser adecuada.

  3. La liberación de gas produce burbujas; para mantener el flujo, se puede reposicionar el catéter a medida que se descomprime el intestino.

  4. Se infunde un antimicrobiano (generalmente, unos 5 mL de gentamicina) por vía subcutánea a medida que se retira el catéter.

La trocarización puede provocar cualquiera de las siguientes complicaciones:

  • Peritonitis.

  • Hemorragia.

  • Absceso subcutáneo local.

Se debe observar al caballo durante 48 horas para detectar signos clínicos de infección, incluidos dolor abdominal y fiebre. La peritonitis se confirma mediante la evaluación del líquido abdominal y se trata con antimicrobianos sistémicos de amplio espectro hasta que se resuelva. La hemorragia es por lo general autolimitante y los abscesos locales pueden drenarse por vía percutánea.

Traqueotomía en caballos

La traqueotomía es un procedimiento de urgencia para las afecciones que provocan una obstrucción aguda de las vías respiratorias superiores (p. ej., condritis aritenoidea, mordedura de serpiente o cuerpos extraños).

El sitio de la incisión para la traqueotomía se selecciona en la unión del tercio proximal y medio del cuello, por encima de la V formada por los músculos pares esternotiroideo y esternohioides (vea la ). Si es posible, la piel debe rasurarse, prepararse asépticamente e infiltrarse con un anestésico local. Debido a la dificultad respiratoria grave y potencialmente mortal que causa la obstrucción, este procedimiento debe realizarse sin preparación aséptica del sitio quirúrgico.

La incisión inicial (6-10 cm), realizada en la línea media con un bisturí a través de la piel y el músculo cutáneo del cuello, se extiende entre los músculos pares esternotiroideo y esternohioides. Alternativamente, los músculos se pueden dividir en la línea media mediante disección roma con tijeras Metzenbaum.

La tráquea queda expuesta por esta incisión y disección digital, y se realiza una incisión transversal aguda a través de la mucosa entre dos anillos traqueales, teniendo cuidado de evitar los cartílagos traqueales. La incisión se extenderá hasta aproximadamente el 30-40 % de la circunferencia de la tráquea. Si la cabeza del caballo está elevada o extendida, la incisión traqueal debe hacerse caudal en relación con la incisión de la piel, para evitar cubrir el sitio de traqueotomía cuando este baje la cabeza.

Se puede insertar un tubo de traqueostomía de silicona en forma de J y fijarlo en su sitio sujetándolo a la crin con gasa. No debe inflarse el manguito, a menos que se vaya a ventilar al caballo, para prevenir la necrosis traqueal intraluminal. Alternativamente, se puede preferir un tubo de traqueostomía metálico y autorretenedor (vea la ) debido a la tendencia de los tubos J a caerse.

El tubo de traqueostomía se debe retirar, limpiar y reemplazar dos veces al día (o con más frecuencia, si las secreciones ocluyen la luz del tubo). La inflamación local y las infecciones superficiales son comunes debido a la naturaleza contaminada del procedimiento. La atención a los cuidados posoperatorios (limpieza de la herida) disminuye la cantidad de contaminación. La vaselina aplicada a la piel circundante también ayuda a disminuir las quemaduras de la piel.

Es importante evitar que el agua entre en el sitio de la traqueostomía. Se deben evitar los baños y no se debe sacar al caballo a pastos con acceso a estanques.

Las complicaciones de la traqueostomía (por ejemplo, deformidad del cartílago, tejido de granulación intraluminal o estenosis de la mucosa) son muy poco comunes y se pueden minimizar al retirar el tubo lo antes posible. Un método para determinar cuándo se puede extraer el tubo es ocluir temporalmente la luz con la mano y observar si el caballo puede respirar sin él.

Después de retirar el tubo de traqueostomía (vea la ), se debe limpiar el sitio con solución salina dos veces al día y permitir que sane por segunda intención. La tráquea generalmente se cierra en 10 a 14 días y se cura por completo en 3 semanas.

Colocación de tubos de toracostomía en caballos

Los tubos de toracostomía están indicados para la evacuación de líquido o aire de la cavidad pleural. Las causas de derrame pleural o de neumotórax incluyen el hemotórax, la pleuroneumonía y el traumatismo.

El lugar de inserción del tubo de toracostomía depende de si se va a evacuar aire o líquido.

  • Para el neumotórax, la incisión se hace caudal y dorsal en la cavidad torácica, ventral a los músculos epaxiales, a nivel del EIC 12.°-15.°.

  • Para los derrames líquidos, la incisión es craneal y ventral, por encima de la punta del olécranon, en el EIC 7.º-8.º.

El sitio y la profundidad de colocación del tubo de toracostomía pueden determinarse con mayor precisión mediante ecografía torácica, lo que ayuda a evitar traumatismos inadvertidos en los pulmones o el corazón.

La toracostomía se realiza de la siguiente manera:

  1. Se prepara el sitio de inserción de forma aséptica y se suministra la anestesia mediante la infusión de una solución anestésica local en la piel, los tejidos subcutáneos y los músculos intercostales.

  2. Se realiza una incisión sobre la cara craneal de la costilla, inmediatamente caudal al espacio intercostal seleccionado, y se extiende hasta la superficie costal (vea la ).

  3. El tubo de toracostomía, con su trócar, se introduce perpendicular a la piel hasta llegar a la superficie de la costilla, y luego se inserta de forma roma craneal a la costilla, a través de los músculos intercostales y la pleura en el tórax (vea la ).

  4. Una vez que penetra en la pleura, se empuja el tubo fuera del trócar en dirección craneal y ventral, y se fija con una sutura en bolsa de tabaco y en trampa de dedo.

  5. Se coloca una válvula unidireccional en el extremo del tubo para evitar la entrada de aire.

  6. El líquido en el tórax se drena lentamente por el flujo de gravedad para evitar el choque hipovolémico.

Para el neumotórax, un catéter de gran calibre suele ser suficiente. Se puede eliminar el aire con una jeringa de 60 mL y una válvula de llave de paso de tres vías. La eliminación lenta del aire puede prevenir el barotraumatismo. Si se elimina el aire demasiado rápidamente, el traumatismo por reexpansión puede dar lugar a un aumento de la permeabilidad capilar en los pulmones, lo que provoca edema pulmonar, hipoxemia, disminución del gasto cardíaco, hipotensión y la muerte.

La colocación del tubo de toracostomía puede ir acompañada de cualquiera de las siguientes complicaciones:

  • Absceso subcutáneo local.

  • Hemorragia.

  • Choque hipovolémico.

Las complicaciones comunes de la toracostomía pueden ser infección localizada, hinchazón y edema en el sitio de inserción. Una asepsia estricta y una buena técnica quirúrgica pueden reducir el riesgo. 

Ocasionalmente, puede haber grandes volúmenes de líquido en caballos con pleuritis. La eliminación rápida de este líquido del tercer espacio puede provocar una descompensación cardiovascular. Por lo tanto, estos pacientes deben recibir líquidos intravenosos antes del drenaje. También se recomienda la eliminación gradual del líquido.

Algunos caballos tienen enfermedad torácica bilateral, debido a que el mediastino está incompleto en esta especie. Sin embargo, los caballos con enfermedad pulmonar de larga duración a menudo pierden la comunicación normal entre ambos lados del tórax como resultado de la acumulación de fibrina. La ecografía se utiliza para confirmar si el drenaje de un hemitórax ha eliminado líquido en el hemitórax contralateral. 

Conceptos clave

  • Para estabilizar a un paciente hipovolémico, se pueden administrar bolos de líquido de choque hasta 4 veces, o hasta que los signos clínicos mejoren o se estabilicen.

  • La intubación nasogástrica debe realizarse en todos los caballos que presenten signos clínicos de enfermedad gastrointestinal. Los volúmenes de reflujo neto >2 L justifican una investigación más profunda.

  • La abdominocentesis es muy útil para identificar la enfermedad del intestino delgado o la peritonitis.

  • La trocarización es útil para descomprimir el intestino grueso y el ciego en pacientes gravemente distendidos y con dolor.

  • En caballos con obstrucción de las vías respiratorias superiores, debe realizarse una traqueostomía con urgencia.

  • Se pueden colocar tubos de toracostomía para drenar el derrame o el aire de la cavidad pleural.

Para más información

Referencias

  1. Busoni V, De Busscher V, Lopez D, Verwilghen D, Cassart D. Evaluation of a protocol for fast localised abdominal sonography of horses (FLASH) admitted for colic. Vet J. 2011;188(1):77-82. doi:10.1016/j.tvjl.2010.02.017