Un examen de aptitud reproductiva, que debe tener lugar antes de que cualquier perro o gato sea cruzado a propósito, es el momento oportuno para que los veterinarios aporten información sobre las buenas prácticas de cría. Debido a la superpoblación de mascotas, la cría de perros y gatos debería realizarse por criadores responsables y capacitados, a quienes se puedan remitir los clientes interesados en adquirir un cachorro o gatito de raza pura.
La aptitud reproductiva significa que el perro o gato está sano y libre de defectos hereditarios, comprobado por evaluaciones fenotípicas, como radiografías (p. ej., displasia del codo), ecografías (p. ej., displasia renal, displasia tricuspídea), oftalmoscopias (p. ej., cataratas), exploraciones físicas (p. ej., luxación de rótula) o pruebas específicas de ADN (pruebas de detección genotípicas), cuando estén disponibles (p. ej., degeneración progresiva de bastones-conos). Hay varios recursos disponibles para veterinarios que investigan las recomendaciones genéticas de perros de raza pura y gatos con pedigrí.
Se debe obtener una anamnesis completa, que incluya el estado de salud anterior, la salud de los parientes cercanos, los medicamentos actuales, la dieta y los suplementos que se administren. Es necesario analizar la idoneidad de la dieta, los medicamentos y los suplementos del perro o gato destinado a la reproducción.
Los folletos para propietarios, que describen los posibles problemas asociados con la reproducción (distocia, mastitis, metritis, eclampsia, prostatitis, etc.), resultan útiles.
Los posibles animales reproductores deben evaluarse a nivel de antecedentes clínicos (p. ej., atópicos, epilépticos), examen físico (p. ej., síndrome braquicéfalo, entropión, criptorquidia) y comportamiento (p. ej., temerosos, agresivos) (consulte la declaración de principios de la Society for Theriogenology [Sociedad de Teriogenología] sobre el bienestar en perros reproductores).
Tanto las hembras como los machos deben someterse a pruebas de detección rutinarias de Brucella canis, incluso antes de la primera cubrición, porque la transmisión a través de las mucosas no requiere cópula; puede producirse mediante la orina a través de la mucosa oral. Posteriormente, las perras deben someterse a pruebas de detección de brucelosis antes de cada ciclo, cuando se planea una cubrición; los perros sementales deben examinarse al menos una vez al año y solo cruzarse con perras cuyos resultados actuales sean negativos.
Las perreras deben preevaluar a los perros que lleguen y mantenerlos en cuarentena de manera adecuada (generalmente 2 semanas) para que los reproductores se mantengan en un entorno libre de Brucella. En particular, los perros importados o rescatados deben someterse a una prueba de detección de Brucella.
Un resultado negativo en una prueba de detección de B. canis es fiable (excepto que hayan pasado <2-3 semanas después de la exposición); los resultados positivos requieren pruebas de confirmación, ya que se pueden producir falsos positivos. Una prueba de detección negativa en un perro con signos clínicos (p. ej., discospondilitis) o antecedentes compatibles con brucelosis (p. ej., aborto, anomalías del semen, epididimitis) debe dar lugar a pruebas adicionales. Los veterinarios deben comunicarse con el laboratorio comercial o académico para obtener protocolos actualizados de exámenes de detección y confirmación, ya que la disponibilidad de las pruebas puede variar (consulte la declaración de principios de la Society for Theriogenology [Sociedad de Teriogenología] sobre las pruebas para detectar brucelosis, revisada en 2024).
Las pruebas de detección de laboratorio actualmente disponibles incluyen cultivos de sangre (sin EDTA; se prefiere heparina o citrato de sodio), orina, semen, placentas o fetos abortados, y secreción vulvovaginal asociada, así como órganos reproductores masculinos y femeninos. La manipulación de estos tejidos representa un riesgo biológico; se deben tomar las precauciones de manipulación adecuadas. Los resultados positivos de las pruebas son diagnósticos, mientras que los resultados negativos no son fiables.
Las pruebas serológicas específicas para la detección de Brucella canis pueden arrojar resultados variables según los títulos circulantes; los resultados negativos pueden ser poco fiables.
La prueba ELISA se puede utilizar cómo método de detección y confirmación (consulte también la prueba de Brucella canis de la Universidad de Cornell).
La prueba de inmunodifusión en gel de agar se recomienda como prueba confirmatoria de casos sospechosos, y proporciona mejores resultados si se realiza de 8 a 12 semanas después de la infección; requiere medios especializados y personal capacitado.
El ensayo de PCR puede detectar Brucella canis en sangre completa no heparinizada, orina, semen y secreciones vaginales; las pruebas son fiables, aunque su disponibilidad es limitada.
Las gatas y gatos deben someterse a pruebas de detección del virus de la leucemia felina, virus de la inmunodeficiencia felina y peritonitis infecciosa felina, y se deben alojar en un criadero u hogar libre de virus.
Como parte de la evaluación de la aptitud para la reproducción, el veterinario debe valorar la salud general de perras y gatas mayores de 5 años mediante un hemograma completo, un perfil bioquímico sérico y un análisis de orina.
Las visitas del veterinario a criaderos con dificultades reproductivas suelen ser provechosas, ya que permiten detectar problemas básicos relacionados con la cría (manejo de la iluminación, hacinamiento, manejo de la reproducción).
Evaluación de la aptitud reproductiva en perras y gatas
En perras, además del examen físico de rutina, se debe evaluar la normalidad de las glándulas mamarias y del conducto vestibulovaginal.
Las mamas pueden ser asimétricas en número; los pezones no deben estar invertidos (vea la ).
Siempre se debe realizar un examen vaginal digital en la perra antes de la cubrición; es posible que solo pueda hacerse si la hembra está en celo. La vaginoscopia constituye la evaluación más exhaustiva y, por lo general, se puede realizar en una perra en celo durante el proestro (vea la ).
Las anomalías vestibulovaginales (estenosis) pueden interferir en la cópula y el parto, por lo que se requiere su corrección antes de la cubrición, o bien una inseminación artificial acompañada de cesárea programada (vea la ). Se desconoce la heredabilidad.
Vea también el .
Cortesía de la Dra. Autumn Davidson.
Cortesía de la Dra. Autumn Davidson.
Cortesía del Dr. Alexander Frederick.
Las estenosis vaginales son congénitas y se presentan como una hebra septada o una banda circunferencial; se suelen encontrar en la unión vestibulovaginal, craneal a la papila uretral. En algunos casos, el estrechamiento normal de la unión vestibulovaginal en la perra virgen (no cruzada) puede confundirse con una estenosis; debe reevaluarse cuando la perra está en celo y los tejidos vaginales se relajan (vea la ). El tabique se puede resecar de manera digital (si es delgado) o quirúrgica (si tiene forma de banda). Sin embargo, las estenosis perimetrales son difíciles de corregir sin episiotomía y una revisión mayor, y tienden a recidivar (consulte la ).
Cortesía de la Dra. Autumn Davidson.
Cortesía de la Dra. Autumn Davidson.
No se recomiendan los cultivos vaginales de rutina previos a la cubrición, ya que la vagina (y el prepucio) suele albergar una gran variedad de bacterias, entre las que se incluyen estreptococos beta-hemolíticos y Mycoplasma spp., como microbiota normal.
Las gatas también deben someterse a un examen de las glándulas mamarias para determinar la simetría y normalidad de los pezones.
Antes de una cubrición programada, las perras y gatas deben estar en una condición corporal óptima para mejorar la tasa de concepción y el resultado del parto.
Para la gestación y la lactancia se deben utilizar una nutrición y unas estrategias de manejo apropiadas. Se recomiendan dietas diseñadas para la gestación y la lactación, especialmente en gatas, a fin de proporcionar una nutrición óptima; los propietarios deben evitar la sobrealimentación para prevenir la obesidad. De hecho, los suplementos innecesarios, como el calcio, pueden ser un problema (predisponen a padecer eclampsia).
Los criadores suelen recomendar saltarse ciclos entre cubriciones; esta no es práctica óptima en relación con la cría, ya que la exposición inevitable a los estrógenos (gata) y la progesterona (perra; a veces, gata), durante cada ciclo estral favorece la hiperplasia endometrial quística y puede generar una piometra. Las perras y gatas que mantienen un estado de salud óptimo se pueden cruzar secuencialmente; luego, cuando no se planifican más cubriciones, se debe considerar la posibilidad de someterlas a una ovariohisterectomía u ovariectomía para prevenir la piometra.
Las perras deben estar al día en sus vacunas contra las principales enfermedades infecciosas (moquillo canino, parvovirus, adenovirus 2, parainfluenza, gripe y rabia). Se deben administrar otras vacunas solo de acuerdo con una buena práctica veterinaria (las apropiadas para la edad del perro, su estado de salud, los ambientes de casa y viaje y el estilo de vida).
De manera similar, las gatas deben vacunarse adecuadamente (según las recomendaciones sobre la duración de la inmunidad) contra la rabiala panleucopenia felina, rinotraqueítis y calicivirus. La vacunación contra el virus de la leucemia felina y otras enfermedades secundarias debe realizarse según las indicaciones de una buena práctica veterinaria y en función de los factores de riesgo asociados con la cría y edad del gato.
No se recomienda revacunar a perras y gatas antes de la cubrición, salvo que su estado de vacunación sea inadecuado o desconocido.
La vacunación durante la gestación se recomienda únicamente cuando el estado de vacunación previo es inexistente o desconocido, y el riesgo de exposición es alto (p. ej., en un refugio). En ese caso, el uso de vacunas centrales recombinantes es óptimo.
Durante la gestación y la lactación, se recomienda el uso de medicamentos preventivos contra la dirofilariosis y para el control de parásitos internos y externos (según las indicaciones de los fabricantes, que avalan su seguridad en animales reproductores).
Es importante prevenir las enfermedades infecciosas en hembras preñadas, mediante el aislamiento durante el último tercio de la gestación (p. ej., evitar la exposición al herpevirus canino y las infecciones de las vías respiratorias superiores felinas).
La educación de los propietarios acerca de la normalidad del parto y sobre la oportuna identificación de distocias es esencial. Los sistemas de monitoreo fetal y uterino desarrollados para el uso de rutina en perras y gatas mejoran la supervivencia neonatal y disminuyen las tasas de morbilidad y mortalidad materna.
Examen de aptitud reproductiva en perros y gatos macho
Un examen completo de aptitud reproductiva (BSE) en perros y gatos sementales consiste en una anamnesis general y en relación con la cría, un examen físico, una evaluación del semen y una prueba de B. canis en perros y de leucemia viral felina, inmunodeficiencia y peritonitis infecciosa en gatos.
Si la anamnesis indica infertilidad, se debe determinar que el manejo reproductivo fue adecuado y que las perras o gatas han tenido una fertilidad normal al cruzarse con otros perros o gatos. Se debe registrar la secuencia temporal de cuándo los machos engendraron camadas y cuándo las perras o gatas no concibieron, así como cualquier enfermedad reciente ocurrida durante o antes de la cubrición. Es necesario evaluar estos registros para determinar si la infertilidad puede ser transitoria (p. ej., la fiebre puede afectar negativamente la producción de semen durante >60 días desde su aparición).
Se debe realizar un examen físico general, con especial atención al tracto reproductor, preferentemente después de cualquier intento de recolección de semen o en otra ocasión, todo en la misma sesión.
Hay que examinar el pene y el prepucio; problemas como un frenillo persistente, tumores o cambios en las mucosas debido a una balanopostitis pueden impedir la penetración normal. Las abrasiones o laceraciones del pene pueden sangrar durante la cubrición, y es posible que se observe sangre en el semen. El pene debe hacerse sobresalir completamente del prepucio y examinarse. Esto puede exigir sedación en los gatos. La acumulación de pelo alrededor de la base del pene en el felino (anillo de pelo) puede impedir la cópula, por lo que debe cortarse. La presencia de un frenillo peniano persistente interferirá en la cópula normal y debe tratarse con sedación y analgesia adecuadas. Un frenillo peniano persistente puede estar asociado con la castración temprana en gatitos no destinados a la reproducción y ocurre con menor frecuencia en gatos machos reproductores.
El escroto, los testículos y los epidídimos deben palparse. Se debe visualizar la piel del escroto en busca de dermatitis o excoriación. Los testículos pequeños y blandos generalmente se relacionan con una mala calidad del semen; un testículo muy agrandado sugiere orquitis o epididimitis. Es posible que también puedan palparse bultos indicativos de neoplasia. Las anomalías escrotales como la dermatitis pueden afectar negativamente a la calidad del semen al disminuir la termorregulación escrotal. La longitud, anchura y altura de los testículos se deben medir con calibradores romos o mediante ecografía; estas mediciones suelen ser importantes para una futura comparación en casos de sospecha de degeneración testicular. Además, la anchura total del escroto se correlaciona en gran medida con el peso corporal y permite estimar el potencial de producción de esperma del perro.
La próstata canina debe palparse digitalmente por el recto. Las anomalías palpables (dolor o asimetría) o las alteraciones del semen siempre justifican la evaluación ecográfica de la próstata y otras pruebas clínicas según corresponda (p. ej., análisis de orina, cultivo de orina).
El problema prostático más frecuente en perros maduros (>5 años de edad) es la hiperplasia prostática benigna (HPB); la próstata aparece uniformemente agrandada y no suele ser dolorosa a la palpación por el recto. Los perros con HPB pueden verse afectados asintomáticamente o tener antecedentes de hematuria, hemospermia o tenesmo. En perros con signos clínicos, se justifica una evaluación adicional ante la posible presencia de prostatitis o neoplasia prostática. Los perros reproductores de alto valor pueden recibir tratamiento médico para la HPB con inhibidores de la 5-alfa-reductasa, que previenen la conversión de testosterona en dihidrotestosterona activa únicamente en la próstata.
La ecografía se ha convertido en una herramienta auxiliar común para la evaluación de la próstata en perros, ya que permite mediciones precisas y la valoración de la ecotextura de la glándula para identificar posibles cambios patológicos, en cuyo caso se puede guiar una aguja fina o un instrumento de biopsia para obtener muestras de la lesión.
La enfermedad prostática felina es poco frecuente.
En la criptorquidia, un defecto congénito frecuente en machos, uno o ambos testículos no han descendido al escroto a las 6 semanas de edad en el perro y al nacimiento en el gato. Por lo general, el diagnóstico se realiza mediante un examen físico.
En el caso del perro, los testículos normalmente ya han descendido al escroto a las 6 semanas de edad; en el gato, los testículos escrotales deben estar presentes al nacer, pero pueden ser difíciles de palpar debido a su pequeño tamaño. En perros, se ha documentado un descenso a los 10 meses, pero no se considera normal.
El criptorquidismo unilateral no causa infertilidad. Los machos con criptorquidia bilateral son estériles, pero tienen niveles normales de testosterona.
En los perros, el criptorquidismo es hereditario, y los animales afectados no deben usarse como reproductores. Tanto el descenso tardío como el fracaso del descenso son hereditarios. Ambos progenitores de los individuos afectados deben considerarse portadores; la criptorquidia es de expresión sexual, pero no está ligada al sexo, ya que el gen se encuentra en el cromosoma X.
Debido a que los testículos retenidos tienen una mayor incidencia de neoplasia y posterior torsión, además de que la afección es hereditaria, se recomienda una orquiectomía bilateral (vea la ).
Cortesía de la Dra. Autumn Davidson.
Los intentos de inducir el descenso con un tratamiento a base de gonadotropinas o testosterona no han tenido éxito y no son éticos. La orquiopexia tampoco se considera una medida ética.
La falta de desarrollo de un testículo (verdadero monorquidismo) es rara en los perros. Las concentraciones séricas de hormona luteinizante (LH) son altas (>1 ng/mL) si el perro o el gato están completamente castrados; la hormona antimülleriana sérica es positiva en la mayoría de los perros y gatos pospúberes con cualquier tejido gonadal. El examen de las púas del pene en el gato también confirma la presencia de testosterona.
El frenillo peniano persistente en el perro impide que el pene sobresalga del prepucio y, por lo tanto, evita la cópula con bloqueo. El tratamiento es quirúrgico.
El encordamiento (desviación del pene) no es frecuente; los animales afectados necesitan ayuda para reproducirse o pueden necesitar inseminación artificial. Se desconoce la heredabilidad.
El hipospadias (apertura uretral desplazada) se asocia frecuentemente con la criptorquidia. Algunos tipos de cirugía reconstructiva que implique uretrostomía y amputación del pene.
La fimosis puede deberse a la estenosis de la abertura prepucial, la cual puede ser congénita o el resultado de una inflamación crónica (traumática o por dermatitis bacteriana). Cualquier causa primaria debe tratarse y luego, si es necesario, agrandarse el orificio quirúrgicamente. La mayoría de estos defectos tienen un componente hereditario.
Evaluación del semen
Lo ideal es realizar una valoración completa del semen en los perros destinados a la reproducción y repetirla al menos una vez al año en los sementales activos. El semen se recolecta fácilmente en la mayoría de los perros por estimulación manual; se aconseja la presencia de una perra (en celo) para optimizar los resultados con la mejora de la libido. El semen se puede recolectar en ausencia de una perra en celo. La feromona metilparabeno puede ser útil para la recolección en ausencia de una perra; algunos veterinarios congelan hisopos con orina o secreciones vaginales de perras en celo con este fin.
Todo el equipo (vagina artificial, tubos de recolección, pipetas, portas y cubres) debe estar atemperado a la temperatura corporal, seco y libre de agua y de contaminantes como los desinfectantes químicos.
El eyaculado canino consta de 3 fracciones: la primera y la tercera son de origen prostático, mientras que la segunda tiene un alto contenido de espermatozoides. La producción de espermatozoides se relaciona con el tamaño de los testículos, de modo que los perros más grandes deben producir más espermatozoides que los pequeños.
La valoración del semen debe incluir una evaluación de la libido, el recuento total de espermatozoides por eyaculado (en perros suele ser de 200 a más de 400 millones; en gatos, de 6 a 16 millones), la motilidad de los espermatozoides (lo normal es >90 % de movimiento progresivo, con velocidad de moderada a rápida) y la morfología (>80 % normal).
El recuento de espermatozoides (espermatozoides/mL) se puede determinar con un hemocitómetro o por espectrofotometría. La cantidad de espermatozoides por eyaculado se calcula multiplicando el recuento de espermatozoides/mL por el volumen total de eyaculado rico en espermatozoides recolectado.
La motilidad se evalúa en una muestra sin tinción, justo después de su obtención, idealmente mediante el uso de un portaobjetos limpio y precalentado; aunque se dispone de equipos de análisis de semen asistidos por computadora, la microscopía óptica de rutina (con un objetivo de 40X) es suficiente para el analista experimentado.
Varias tinciones disponibles comercialmente son adecuadas para el examen morfológico; las tinciones que se suelen usar son eosina-nigrosina y Giemsa. Los portaobjetos para morfología seminal se preparan y se tiñen como cualquier muestra citológica; se recomienda realizar recuentos de 100 a 200 células, observando los defectos morfológicos.
Los defectos primarios se producen durante la espermatogénesis, los defectos secundarios durante el transporte y almacenamiento de los espermatozoides y los defectos adquiridos son secundarios a enfermedad inflamatoria genitourinaria, trastornos de la termorregulación de los testículos, estrés por calor, fármacos, hematocele, hidrocele y orquitis inmunomediada. Los defectos también se clasifican como mayores o menores. Los defectos iatrogénicos pueden deberse a las tinciones en la preparación del portaobjetos (vea la ).
Cortesía de la Dra. Autumn Davidson.
Se debe recoger una cantidad adecuada de la tercera fracción para asegurar que toda la fracción rica en esperma esté presente, y para permitir la evaluación del componente prostático del semen, que debe ser claro (libre de orina y de contaminación celular). Nunca se debe diagnosticar subfertilidad o infertilidad a partir de una única recolección. Se deben realizar recolecciones repetidas con >48 horas de diferencia. Si la muestra carece de espermatozoides, se puede medir la fosfatasa alcalina (FA) del semen en el eyaculado para evaluar si este fue completo, ya que la FA del semen es un marcador epididimario.
Concentraciones >5000 µg/dL indican que el eyaculado incluye la segunda fracción, generalmente rica en espermatozoides. Concentraciones <5000 µg/dL indican una enfermedad obstructiva bilateral o problemas de libido que impiden la liberación de la segunda fracción. La función espermática (p. ej., capacidad y reacción acrosómica, unión a la zona pelúcida) no se evalúa con la evaluación rutinaria del semen.
La recolección de semen para su evaluación es difícil en gatos, a menos que se les haya entrenado para eyacular dentro de una vagina artificial, que se lleve a cabo una eyaculación química o que se disponga de un equipo de electroeyaculación. Los gatos se pueden entrenar para eyacular con estimulación manual en algunos casos, pero el entrenamiento puede llevar semanas o meses. Se ha descrito la eyaculación química mediante el uso de sondaje uretral, bajo sedación con dexmedetomidina, o la aspiración con aguja fina, de los testículos para evaluar la presencia y la citología de los espermatozoides. Los métodos no específicos para evaluar la espermatogénesis del macho consisten en la evaluación de la orina, para detectar la presencia de espermatozoides, o la recolección de un lavado vaginal de la hembra inmediatamente después de la cópula; los espermatozoides desaparecen de la vagina de 1 a 2 horas después de la cópula.
Se recomienda recolectar el semen en una vagina artificial desechable, que puede tener el extremo cerrado o abierto y conectarse a un tubo de plástico (vea las ). Se puede utilizar un lubricante estéril no espermicida, pero no suele ser necesario y es mejor usarlo después de la recolección. Se empuja caudalmente el prepucio con cuidado hacia el bulbo del glande mientras se desliza la vagina artificial sobre el pene en dirección craneal. Inmediatamente después de que el bulbo sale del prepucio y penetra en la vagina artificial, se masajea suavemente el cuerpo del pene hasta el glande, con una suave presión que se aplica inmediatamente caudal al bulbo. Se debe tener cuidado para evitar la erección completa del bulbo dentro del prepucio, ya que produciría dolor. Se mantiene una presión constante; se debe lograr la erección y, finalmente, la eyaculación. Si hay una perra en celo, se permite la monta; la vagina artificial impide la cópula propiamente dicha.
Cortesía de la Dra. Autumn Davidson.
Para la recuperación y el análisis de las muestras, se introduce una solución salina tibia (de 0,1 a 0,2 mL) en la vagina de la gata y se aspira, se centrifuga la muestra y se examina el sedimento (son adecuadas las tinciones de azul de metileno fresco o hematológicas de rutina). Este análisis no se debe realizar si se desea la reproducción, sino solo como prueba de eyaculación. El cruce de un gato dudoso con una gata ya probada puede ser la forma más práctica para evaluar su fertilidad. El contacto coital adecuado para inducir el aumento de LH y la ovulación debe confirmarse mediante la medición de las concentraciones de progesterona en la hembra, entre 1 y 2 semanas después de la monta.
Se debe recolectar la primera fracción (prostática, transparente) y la segunda fracción (rica en espermatozoides, turbia) (vea la ). Después de que estas fracciones se eyaculan, una inspección detallada del tubo de recogida demostraría que el líquido claro (prostático) empieza a alternarse con la segunda fracción turbia; es este punto, la recolección se puede parar. El perro puede continuar eyaculando líquido prostático hasta 10 minutos antes de que la erección desaparezca. Este es el momento en que se debe aplicar lubricación a la mucosa expuesta del pene. Después de retraer el pene, se debe examinar el prepucio para garantizar que todo el pene esté ubicado normalmente dentro del prepucio y que no quede ningún pelo atrapado dentro del orificio prepucial.
Si el prepucio se enrolla hacia dentro mientras se retrae el pene, se puede producir una parafimosis (vea la ).
Cortesía de la Dra. Autumn Davidson.
Cortesía de la Dra. Autumn Davidson.
La evaluación del semen consiste en la determinación de la apariencia, el volumen, la concentración, la motilidad y el porcentaje de espermatozoides morfológicamente normales. Las muestras amarillas, marrones o rojas pueden indicar la presencia de sangre u orina en el eyaculado. El volumen es variable, oscila entre <2 y >20 mL, según la cantidad de líquido prostático recolectado y el tamaño del macho. La segunda fracción, rica en espermatozoides, suele ser de 0,5 a 2 mL.
La motilidad de los espermatozoides debe evaluarse de inmediato mediante el uso de un equipo calentado (calentador de portaobjetos, disponible en el mercado); normalmente, >70 % son progresivamente móviles (vea la ). La motilidad puede mejorar si se centrifuga la muestra para eliminar el líquido prostático que pueda haber y se vuelve a diluir con una solución adecuada para diluir el semen.
Al menos un 80 % de los espermatozoides deben ser morfológicamente normales. Esto se puede observar casualmente en el mismo portaobjetos, al preparar un portaobjetos con tinción morfológica adecuada o al usar maquinaria de evaluación de semen, disponible en el mercado.
La concentración de espermatozoides se puede determinar con un hemocitómetro. El número total de espermatozoides en el eyaculado se calcula según la siguiente fórmula: volumen × concentración. La cantidad total de espermatozoides en el eyaculado oscila entre 400 × 106 y >1000 × 106, y se correlaciona con el tamaño corporal. Como regla general, un perro debe producir aproximadamente 22 × 106 espermatozoides/kg.
Cortesía de la Dra. Autumn P. Davidson.
Todos los perros destinados a la reproducción y todos los perros analizados para la detección de infertilidad deben examinarse para verificar si tienen B. canis.
La calidad de los espermatozoides puede ser normal o anormal, o puede haber ausencia de espermatozoides en el eyaculado. La infertilidad es poco frecuente en aquellos perros con una evaluación normal del esperma; en estos casos, debe revisarse la anamnesis para detectar algún mal manejo o infertilidad en la perra. La presencia de leucocitos o eritrocitos en el eyaculado sugiere una inflamación del tracto reproductivo, más comúnmente prostatitis; un cultivo del líquido prostático y un tratamiento adecuado pueden ayudar a mejorar la fertilidad.
Si la calidad del esperma es anormal, se deben revisar nuevamente los antecedentes para determinar si el perro ha estado enfermo o estresado recientemente, expuesto a altas temperaturas o tomando medicamentos que puedan afectar la fertilidad (p. ej., ketoconazol).
La azoospermia es relativamente común en perros. La azoospermia puede deberse a la incapacidad de los testículos del perro para producir espermatozoides o a la incapacidad de los espermatozoides para abandonar los testículos debido a una obstrucción en el epidídimo o a una eyaculación incompleta. Se puede analizar el eyaculado para detectar la presencia de FA, secretada por el epidídimo. Un valor alto de FA (5000-40 000 UI/L) indica que se recogió líquido del epidídimo y, por lo tanto, es compatible con una verdadera azoospermia. Los valores bajos (<5000 UI/L) indica una obstrucción en el epidídimo o una eyaculación incompleta; se debe repetir la recolección de semen mediante el uso de un estímulo fuerte, como una perra en celo.
Después de la recolección de semen, se puede realizar una cistocentesis para determinar si se está produciendo una eyaculación retrógrada. También se pueden tomar muestras de hisopado de la vagina de la perra, después de la cubrición natural, para determinar si se ha eyaculado esperma; es posible que algunos perros no eyaculen cuando se realiza la recolección de forma manual, pero que tengan una eyaculación normal durante la cubrición natural.
Se considera que un perro es apto para la reproducción si todos los resultados anteriores están dentro de los límites normales y la prueba realizada de B. canises negativa. Los perros reproductores deben volver a someterse a una prueba de B. canis una vez al año.
Para más información
Position statement: Brucella canis testing. Society for Theriogenology.
Brucella multiplex testing for dogs. Cornell University College of Veterinary Medicine Animal Health Diagnostic Center.
Embark Veterinary. DNA testing.
Canine health information center. Orthopedic Foundation for Animals.
DNA tests by species. UC Davis Veterinary Genetics Laboratory.
Wisdom Panel. Pet DNA kits.
Inherited disorders in cats. International Cat Care.