VERSIÓN PARA PROFESIONALES

Enfermedades infecciosas del tracto gastrointestinal en animales

PorAlex Gallagher, DVM, MS, DACVIM-SAIM, Columbia Veterinary Emergency Triage and Specialty
Revisado/Modificado Modificado jul 2025
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El tracto GI de los animales es susceptible a la infección por numerosos patógenos (véase la tabla ). Tales infecciones pueden causar enfermedades, un rendimiento subóptimo y la muerte en los animales, lo que a menudo genera grandes pérdidas económicas. Las infecciones del tracto GI se transmiten por contacto directo o por vía fecal-oral. Algunas infecciones son el resultado del crecimiento excesivo de microorganismos específicos en la microbiota GI normal (p. ej., infección por Clostridium perfringens en perros, salmonelosis en caballos después del transporte, una anestesia prolongada o una cirugía).

Tabla
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El diagnóstico etiológico definitivo de las enfermedades infecciosas del tracto GI requiere demostrar la presencia del organismo infeccioso en el tracto GI o en las heces del animal afectado. En las epidemias de rebaño, como los brotes de diarrea aguda indiferenciada en terneros o lechones recién nacidos, la mejor manera de establecer un diagnóstico es seleccionar animales no tratados en la fase más temprana de la enfermedad y someterlos a la necropsia y a un examen microbiológico detallado de la microbiota intestinal.

Cuando la necropsia selectiva no es una opción, se deben realizar técnicas de cultivo específicas, en función de la enfermedad infecciosa sospechada, en una serie de muestras fecales diarias cuidadosamente recolectadas. Se han desarrollado tecnologías moleculares, como el ensayo ELISA y el ensayo de PCR, para demostrar la presencia de proteínas parasitarias, virales, bacterianas o protozoarias, o de ácidos nucleicos, en las heces, que pueden proporcionar un diagnóstico definitivo (p. ej., parvovirus canino, salmonelosis, criptosporidiosis).

Parasitosis gastrointestinal

El tracto GI puede estar habitado por muchas especies de parásitos. Los ciclos de vida de los parásitos pueden ser directos, en cuyo caso los huevos y las larvas se eliminan con las heces y, tras pasar por diferentes estadios, llegan a la fase infestante, que es finalmente ingerida por el hospedador definitivo. O bien, los estadios inmaduros pueden ser ingeridos por un hospedador intermediario (por lo general un invertebrado), en el que continuará el desarrollo. La infestación se adquiere cuando el hospedador definitivo ingiere al hospedador intermediario o a la fase de vida libre liberada por este. A veces no hay desarrollo en el hospedador intermediario, en cuyo caso se conoce como hospedador de transporte o paraténico, según si la larva está encapsulada o en los tejidos.

La gravedad clínica de la parasitosis GI depende del número y el poder patógeno de los parásitos, lo que a su vez depende de su potencial biótico o, en su caso, del hospedador intermediario, del clima y de las prácticas de manejo de los animales. En el hospedador, la resistencia, la edad, la nutrición y la existencia de enfermedades concomitantes también influyen sobre el curso de la infestación parasitaria.

La importancia económica del parasitismo asintomático en los animales de granja también está determinada por los factores que acabamos de describir, y está ampliamente demostrado que los animales con un parasitismo leve que no muestran signos clínicos de enfermedad rinden menos en el cebadero, la lechería o el galpón de engorde. La conversión alimenticia en animales con parasitismo leve o moderado se ve afectada negativamente y se debe principalmente a la disminución del apetito y al mal uso de las proteínas y la energía absorbidas. La calidad y el tamaño de la canal también disminuyen, lo que afecta negativamente a los rendimientos financieros.

Los endoparásitos en los animales de compañía pueden causar enfermedades graves o caquexia y tener consecuencias estéticamente indeseables. Además, algunos de estos parásitos también afectan a los humanos (véase la tabla ).

Para estimar la carga parasitaria, consulte Parasitología en la Práctica Veterinaria.

Tratamiento de las enfermedades infecciosas del tracto gastrointestinal

  • Tratamiento sintomático

  • Antimicrobianos o antihelmínticos, según el diagnóstico

El tratamiento sintomático para las enfermedades infecciosas del tracto gastrointestinal podría incluir lo siguiente:

  • Líquidos y electrólitos orales o parenterales para corregir los desequilibrios causados por vómitos o diarrea.

  • soporte nutricional

  • Antieméticos.

  • Probióticos para ayudar a restaurar el microbioma intestinal normal.

El tratamiento de las infecciones GI bacterianas se realiza con fármacos antimicrobianos; las infestaciones parasitarias se tratan con antihelmínticos o, a veces, solo con cambios en el manejo y el alojamiento o el entorno. No existe un tratamiento específico para la mayoría de las infecciones virales; sin embargo, en 2023, salió al mercado un producto de anticuerpos monoclonales para el tratamiento del parvovirus canino que puede acortar la duración de la enfermedad.

Los antimicrobianos para patógenos bacterianos específicos se administran comúnmente al menos hasta que la recuperación sea evidente. No se recomienda el uso de antimicrobianos como tratamiento inespecífico de primera línea. En su lugar, inicialmente se recomiendan prebióticos, probióticos y cambios en la dieta. Los antimicrobianos se reservan para los casos que no responden a dicho tratamiento o para los casos graves en los que existe riesgo de septicemia. Una sobredosis o un tratamiento oral prolongado con antimicrobianos pueden tener efectos adversos sobre el propio tracto GI (p. ej., disbiosis intestinal, atrofia de las vellosidades). La administración parenteral de antibióticos está indicada cuando hay evidencia o posibilidad de que se desarrolle una septicemia. La elección del antimicrobiano dependerá de la enfermedad que se sospeche, de los resultados obtenidos previamente y del costo.

Perlas y trampas

  • La sobredosis de antimicrobianos o el tratamiento oral prolongado con antimicrobianos pueden tener efectos adversos en el tracto GI (p. ej., disbiosis intestinal, atrofia vellositaria).

En brotes en rebaños, se pueden añadir fármacos antimicrobianos al alimento o al agua de bebida en concentraciones terapéuticas durante varios días, seguidas de concentraciones preventivas por periodos prolongados, según la presión infecciosa que sufra la población. También se pueden medicar el pienso y agua de los animales en contacto con el fin de prevenir la aparición de nuevos casos.

Ver también Farmacoterapéutica sistémica del aparato digestivo.

Control de Enfermedades Infecciosas del Tracto Gastrointestinal

Entre las medidas para controlar eficazmente las enfermedades infecciosas comunes del tracto gastrointestinal se incluyen las siguientes:

  • Buenas prácticas de desinfección e higiene.

  • desarrollar y mantener una resistencia inespecífica en el animal

  • En ciertos casos, proporcionando inmunidad específica mediante la vacunación de la madre gestante o del animal sensible.

  • Uso de preventivos contra parásitos GI.

El saneamiento y la higiene eficaces se logran principalmente al proporcionar un espacio adecuado para los animales, limpiar regularmente los corrales y eliminar eficientemente las heces del entorno inmediato.

El desarrollo y mantenimiento de una resistencia inespecífica a los patógenos requiere tanto la selección genética de los animales con un grado razonable de resistencia inherente como la provisión de una nutrición y un alojamiento adecuados para minimizar el estrés y permitir que los animales crezcan y se comporten normalmente. La aparición de animales infectados pero clínicamente sanos, que pueden excretar patógenos durante semanas o meses, es un problema importante con algunas enfermedades GI infecciosas (p. ej., salmonelosis). Lo ideal sería que estos animales portadores se identificaran por medios microbiológicos y se aislaran del resto del rebaño hasta que estuvieran libres de la infección o se sacrificaran.

Ciertas enfermedades (p. ej., la colibacilosis enterotóxica en terneros y lechones) pueden controlarse al vacunar a las hembras gestantes varias semanas antes del parto. Este método requiere alcanzar una concentración protectora de anticuerpos en el calostro. Hay excepciones, pero la inmunidad sistémica proporciona poca protección frente a las enteritis infecciosas en la mayoría de los casos. La inmunidad efectiva frente a las enfermedades gastrointestinales depende de la estimulación de la inmunidad local intestinal tras el periodo neonatal. Durante el periodo neonatal, la protección puede proporcionarse por medio de la acción local de anticuerpos maternos. Por ejemplo, la IgA secretoria aumenta progresivamente en la leche de la cerda desde el parto hasta el destete, lo que proporciona al lechón una protección diaria durante la lactación.

Véase también Control de parásitos en caballos, Control de parásitos en bovinos, Control de parásitos en el manejo de cerdos miniatura domésticos y Parásitos gastrointestinales de pequeños animales.

Para más información